Cuando las cosas se complican, ¡no abandones!

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En ocasiones las promesas pueden tardar en llegar, pero Dios nos invita a mantenernos firmes en la fe.

¿Has experimentado lo que es ver cómo algo que estabas esperando desde hacía tiempo se desvanece entre tus dedos? ¡Qué frustrante puede llegar a ser!

- Esperabas impacientemente esas vacaciones, y, en el último momento, tu jefe cambia tus planes...

- Esperabas la llegada de ese niño, ya habías escogido su nombre y comprado su cuna, pero, por desgracia, al final no podrás tenerlo entre tus brazos…

- Contabas con que esa enfermedad remitiría con el tratamiento, pero parece que no retrocede...

Hoy, Dios te invita a perseverar a través de este pasaje: “a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:12).

Cuando parece que las circunstancias no te sueltan, ¡es a ti a quien te toca no soltar tampoco, no bajar los brazos, sino pelear!

Al igual que tú, sé que a menudo son los últimos metros de la carrera los que parecen más duros, pero son también los más determinantes, ya que la meta está más cerca que nunca. ¡No puedes abandonar antes de que la hayas cruzado!

¿Has notado lo que dice el final del versículo? Los que luchan con fe y paciencia “heredan las promesas”. Es una promesa que Dios nos hace. No son simples palabras al aire para “ayudarte a aguantar”. ¡No, son una realidad! Dios cumple sus promesas en tu vida. 

En ocasiones la promesa puede tardar en llegar, pero Dios te invita a creer, a mantenerte firme en tu fe, creyendo que Él lo hará: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3).

Querido(a) amigo(a), ¡no bajes los brazos! Persevera pacientemente y con fe, ¡Dios está contigo!

Te invito a orar: “Señor, gracias por fortalecerme cuando me faltan fuerzas, cuando lo único que quiero es bajar los brazos y abandonar. Tengo la certeza de que todo lo que dices, lo cumplirás, Señor. ¡Gracias por ello! Creo en Ti, en todas Tus promesas, y en Tu herencia. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”.

Sí, la promesa de Dios se cumplirá, sin duda alguna. Por lo tanto, ¡no abandones, tu herencia te espera! ¡Resiste!

Gracias por existir,
Éric Célérier

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