Cuando la pila de ropa sucia no se termina y yo quiero cerrar la puerta

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¿En qué se parece nuestras vidas con el cuarto en donde lavamos la ropa? Wendy Bello te lo cuenta... y te da el mejor secreto de limpieza.

Estoy convencida de que mi cuarto de lavado tiene algún duende escondido que multiplica la ropa por la noche, o un hada cuya función es girar la varita y hacer que la pila crezca y crezca. Cuando creo que terminé, la pila crece otra vez.

¿Acaso no es así todo en la vida? Cuando creemos que ya logramos algo, volvemos a equivocarnos y hay que empezar de nuevo. Leí esto una vez: "Cuando creo que dominé el baile de la vida, alguien inventa un paso nuevo". ¡Qué gran verdad!

A veces tengo deseos de cerrar la puerta del cuarto de lavar y no entrar nunca más... pero eso no quiere decir que el montón de ropa no seguirá creciendo. ¡Al contrario!

Pasa lo mismo con nosotras y nuestro peregrinar espiritual. A veces queremos cerrar una puerta para no intentar más algo en lo que ya muchas veces hemos fallado, para no recordar aquello que dijimos y de lo que no nos sentimos orgullosas. Tal vez, si no lo vemos, desaparezca... nada más lejos de la realidad. Seguirá ahí, creciendo, y cuando abramos la puerta, ¡pum!, nos caerá encima.

¿Qué hacer entonces? Ocuparnos de una sola pila a la vez, para seguir con el ejemplo de la ropa sucia. 

Yo soy de las que separa la ropa por colores. No me gusta mezclar rojos con azules y mucho menos blancos con oscuros. Por eso, a veces, cuando todo en la vida y en mi mente se me vuelve un gran montón, le tengo que pedir a Dios que me ayude a separarlo por "pilas". La pila de mis emociones descontroladas. La pila de las luchas con los hijos. La pila de las palabras que dije fuera de lugar. La pila de las desilusiones. La pila de los temores. Y una vez que las he separado, le pido a Dios que me dé la mejor manera de "lavarlas".

La Palabra de Dios es como un detergente, de los mejores, que lava y deja la ropa súper limpia. Pero aun los mejores detergentes necesitan que les ayuden cuando hay manchas resistentes. Yo uso algo que se llama bórax, el cual lo añado al agua y la ropa queda mejor todavía. En el caso de las "pilas de ropa" del corazón, aunque tengamos la Palabra, necesitamos del Espíritu para que sea como el bórax, que nos dé el mejor resultado posible.

Recuerda, él es el autor por excelencia y tiene acceso a los secretos más escondidos. Así que cuando te dispongas a lavar tu vida con este detergente, no te olvides de pedirle la ayuda al Agente Limpiador por excelencia, el Espíritu Santo.

La vida que Dios diseñó para ti y para mí, plena y abundante, implica que sigamos tratando con nuestros montones de ropa sucia, hasta el día en que recibamos para siempre un vestido nuevo, blanco y resplandeciente. Así que no te desanimes, los montones de ropa sucia crecen, en el cuarto de lavar y en el corazón, pero con la ayuda de Dios, poco a poco, iremos acabándolos.

Ahora me despido. Desde aquí escucho el zumbido de la lavadora y la secadora acaba de anunciar que el ciclo llegó al final. 

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