Cuando el amor se va

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Recordar las bendiciones de Dios nos inyectará una nueva dosis de vigor.

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”,  Apocalipsis 2:4

Para las personas emprendedoras todos los comienzos son fascinantes. Sea un proyecto, trabajo o relación, tienden a empezar de mil amores. Mariposas en el estómago, soñando despiertas, caminando en las nubes, el corazón a millón, todo color de rosa y un espíritu incansable e invencible. Lo mismo sucedió cuando Dios emprendió su creación… Él veía todo y era ¡bueno! y no descansó hasta verlo hermoso y acabado. Cuando la terminó, todo era ¡bueno en gran manera!

No obstante, a diferencia de Dios quien no se fatiga ni cambia, en la medida que transcurre el tiempo nos vamos apagando. Ya no soñamos, somos realistas. Ya no tenemos mariposas pues conocemos la rutina. Ya no caminamos en las nubes sino con los pies sobre la tierra y el corazón late lo suficiente para vivir. Nuestro espíritu, una vez apasionado, se vuelve mecánico y hacemos las cosas más por costumbre y deber que por entusiasmo y amor.

Algo parecido les pasó a los hermanos de la iglesia de Éfeso. Empezaron con muchos bríos pero en el camino, con el transcurrir del tiempo, fueron dejando las cosas atrás. El Señor lo notó y les dijo: “has dejado…” Mi pregunta hoy es ¿qué he dejado atrás, en el olvido? ¿Será la oración? ¿Ayudar? ¿Familiares? ¿Amistades? O tal vez… ¿Sensibilidad? ¿Devoción? ¿Humildad? ¿Vergüenza? ¿Alegría?

¿Sabes tú que has dejado atrás?

La dureza de la vida o la repetición de nuestras actividades y el sentir de competencia, nos hacen confiar a tal punto que nos volvemos duras o mecánicas y perdemos el encanto de ejecutar nuestras responsabilidades con entusiasmo, amor y pasión.

Cuando así suceda, recordar las bendiciones de Dios nos inyectará una nueva dosis de vigor. La buena memoria es imprescindible para una vida cristiana saludable y apasionada. El salmista decía “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmos 103:2). Hacer este ejercicio periódicamente evitará nuestra indiferencia y mantendrá nuestros corazones encendidos.

Oración: Perdóname Señor por dejar atrás mi primer amor. Permíteme rescatarlo recordando la delicia de los primeros tiempos y experimentando un renovado fervor espiritual. Te amo. En el nombre de Jesús, amén.

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