Cuando Dios remueve gente de su vida

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Antes de plantar una nueva cosecha en su vida, Dios tiene que enseñarle a hacer que Jesús sea su todo. Él quiere ser su mejor amigo.

Pasaje: Jueces 7

Versículo Clave: “Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar” (V. 7).

Era viernes por la noche. Distraída miraba la televisión, pensando lo sola que me sentía. Buscando en mi directorio telefónico, sabía que mis opciones no eran buenas. Las amistades que estaban disponibles un viernes por la noche de seguro me ofrecerían un tour de nuevo a mi antigua vida, antes de conocer a Cristo… Lugares a los que yo sabía no debía visitar más.

Mis nuevas amistades Cristianas estaban ocupadas con sus esposos y familias. Era yo, mi TV… y mi Biblia.

Miré hacia abajo y la tomé en mis manos. Como una nueva Cristiana, ya había escuchado que Jesús era lo único que yo necesitaba, pero estaba insegura de cómo dejar que Él llenara ese vacío. Mis fines de semana habían sido ocupados, hasta dónde yo recordaba, llenos de amistades y muchas invitaciones. Sin embargo, meses anteriores, había asistido a un campamento que cambió mi vida para siempre. Le entregué mi vida a Cristo aquella mañana hermosa de septiembre y experimenté un gozo y una paz sin precedentes. Pasé las próximas semanas y meses en una nube espiritual, asistiendo a una clase nueva de discipulado Cristiano, reuniones de oración y varias funciones en la iglesia. Había hecho nuevas amistades, pero ellas eran, bueno… nuevas. Y la mayoría de ellas estaban casadas de todas maneras. La soledad llenó mi corazón los fines de semana.

Ese, en particular, fue el más duro de todos.

Mientras tomaba mi Biblia, lágrimas corrían por mis mejillas. Una de mis mejores amigas por ocho años se había volteado contra mí. Fuimos a la universidad juntas. Yo fui la amiga que no la abandonó cuando su padre murió trágicamente. Dejé a mi familia en Navidad por primera vez en 23 años y me enrumbé en un viaje por autobús de 12 horas para estar con ella esa Navidad después del accidente de su padre. Yo la invité a que viviera conmigo cuando ella decidió volver a la ciudad. La pasamos muy bien por un año. Pero al yo tomar la decisión de seguir a Cristo, ella terminó nuestra relación de una manera muy dolorosa.

Esa fue la gota que derramó el vaso.

“¡Jesús, yo pensé que llenarías mi vida, no que la vaciarías!”, lloré.

Fue allí, tirada en mi sofá, que lo escuché suspirar en mi corazón por primera vez.

“Estoy preparando el terreno para una nueva siembra. Para una nueva cosecha”.

Fue entonces que lo vi. Tuve una visión.

Como en un sueño, vi un campo grande, vacío. La tierra mostraba lugares donde había árboles plantados anteriormente. Se veía muy desolado. Hasta feo. Entonces vi semillas caer del Cielo, llenando cada hueco en la tierra. Y finalmente, vi el mismo campo, verde y lleno de hermosos y altos árboles.

“He aquí estoy haciendo todas las cosas nuevas”, escuché.

Veinte años han pasado desde aquel día…

Y ya tengo la cosecha.

Puedo cerrar mis ojos y ver sus caras. Mi esposo, nuestras dos hijas y amigos maravillosos y leales a través de los años, plantados en el campo de mi vida. A parte de una muy buena amiga de mi juventud y familia inmediata, todos los demás son nuevos. Todos han sido plantados por las manos fieles de Yahveh. Y ellos han florecido y producido frutos de gozo, paz, amor, paciencia… verdadera amistad. Verdadero amor.

Estoy maravillada.

La visión fue difícil de creer en un momento cuando la soledad llenaba mis días. Cuando Dios removió lo que yo pensaba era amor verdadero… y a aquellos a quien yo consideraba verdaderas amistades. Él los sacó a todos, uno por uno, y me dejó preguntándome si alguna vez volvería a sentir amor de nuevo.

Pero antes de que Él plantará una nueva cosecha en mi vida, Él me tuvo que enseñar a hacer que Jesús fuera mi todo. Él quería ser mi mejor amigo.

En vez de rendirme a los sentimientos de soledad y depresión, yo busqué Su rostro. Hice que la Biblia fuera mi mejor compañera. Me despertaba en el medio de la noche para hablar con mi Salvador y le comencé a servir en la iglesia.

Y antes de que yo me diera cuenta, El comenzó a plantar bellas semillas nuevas en mi vida.

Dios me mostró que, así como Él le dio la victoria a Gedeón sobre sus enemigos con un batallón de soldados leales, sus hijos no necesitan 10,000 soldados para ganar las batallas de la vida. Cuando Dios está en control, Él remueve la hierba desleal y llena el vacío de nuestras vidas con 300 amigos leales. En su tiempo.

Gedeón tenía temor de no tener mucho. Él no lograba ver cómo podría derrotar a su poderoso enemigo con un grupo de soldados tan pequeño.

Usted puede que no vea cómo su vida podría continuar sin una persona particular. O cómo puede dejar a sus viejas amistades y seguir teniendo gozo.

Lo reto a que confíe en Él.

Confíe que Él está arrancando la mala hierba, desleal, limpiando la tierra, preparándola para una nueva cosecha.

Todo lo que Él necesita es su corazón. Su confianza plena.

Le prometo que un día se maravillará mientras que contempla los campos verdes que Yahveh ha plantado en su campo vacío.

Mientras usted se entrega a Él, créame: Él le dará todo de vuelta.

Presionado, agitado y sobreponiéndose.

Porque ese es el tipo de amigo que Él es.

Sólo confíe mientras le poda. Confíe mientras Él remueve.

Él solamente remueve lo que no pertenece de todas maneras.

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