Cuando Dios nos llama a algo “pequeño”

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Es impresionante cuando nuestra fe nos impulsa a dar saltos gigantes, pero a veces los pasos más difíciles de tomar son los pequeños.

Como cristianas, nos encanta hablar sobre hacer "grandes cosas" para Dios.

Nos mudaríamos al campo misionero en África si Él nos lo pidiera. Invertiríamos nuestro sueldo en patrocinar a un niño en necesidad. Tomaríamos un gran borrador imaginario para borrar nuestros planes para el futuro y empezar de nuevo si sentimos que Él nos está guiando en el camino correcto.

Es impresionante cuando nuestra fe nos impulsa a dar saltos gigantes, pero a veces los pasos más difíciles de tomar son los pequeños. Personalmente soy mucho menos dispuesta a hacer pequeñas cosas para Dios.

Cuando enterramos las pequeñas cosas

En Mateo 25: 14-18 Jesús cuenta esta historia:

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. Y a uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue de viaje. El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido los dos talentos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor”.

El maestro vuelve y quiere saber qué ha hecho cada sirviente con su dinero. Él les dio una palmadita en la espalda a los sirvientes que aumentaron su inversión.

Su señor le dijo: "Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (v. 21).

El maestro no estaba para nada contento con el siervo que enterró su talento en la tierra. Le arrebató la única moneda que tenía y se la dio al criado que ya tenía diez.

¿Por qué el maestro estaba tan enojado con el tercer sirviente? Porque él no hizo mucho con las pequeñas cosas.

“Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”, (v. 29).

El principio que Jesús estaba enseñando era este: no se te pueden confiar grandes cosas hasta que seas fiel en las pequeñas cosas. Dios quiere que hagamos cosas grandes y pequeñas con la misma dedicación y excelencia (Colosenses 3:23).

Podemos estar seguros de ello, porque Jesús practicaba lo que Él predicaba. El lavó pies. Él abrazó a niños. Él cuidó de personas enfermas. Él hizo desayuno para sus amigos. Él es un gran Dios, pero no había nada por debajo de Él. Ningún acto de servicio es demasiado pequeño para Él. Y Él espera que sigamos su ejemplo (Juan 13:15).

Lista de pequeñas cosas

Entonces, ¿cuáles son las pequeñas cosas que Dios nos llama a hacer? Aquí tenemos algunas: 

  • Ir a la iglesia (Hebreos 10:25).
  • Diezmar (2 Corintios 9:7).
  • Ser amable (Efesios 4:32).
  • Orar (1 Tesalonicenses 5:17).
  • Leer la Biblia (Colosenses 3:16).
  • Honrar a tus padres (Éxodos 20:12).
  • Descansar (Éxodos 20:8).
  • Hacer tus deberes (Tito 2:5).

Esto tal vez se sienta mundano e insignificante. ¿Quién podría notar que no leíste la Biblia hoy, o que no le hablaste bien a tu hermana?

La respuesta es Jesús.

Él no nos llama a una vida de grandes experiencias en la cima de la montaña o grandes gestos de fe. En cambio, Él quiere que lo miremos constantemente mientras caminamos por el día a día, poco a poco. Una vez escuché a alguien decir, "Dios tiene que preocuparse por lo ordinario, porque hay un montón de esas cosas". Dios se preocupa tanto por la forma en que manejamos las piezas ordinarias y pequeñas de nuestros días, como lo hace con las cosas grandes que hacen estremecer al mundo.

¿Cómo puedes glorificarlo a Él mientras:

- interactúas con tu familia?

- vas a la escuela?

- lavas los platos?

Vamos a dejar de enterrar las cosas pequeñas en la tierra, suponiendo que no importa, y en lugar de eso pedir al Señor que nos enseñe a hacer las pequeñas cosas bien.

¿En qué pequeñas cosas necesitas ser más fiel?

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