Cuando Dios dice "no"

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¿Por qué un Dios que ama a sus hijos no le daría todo lo que ellos piden?

“Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” – 2 Corintios 12:9 

Nuestro pasaje de hoy es uno de esos que me llega mucho al corazón.

Es un concepto un poco complicado de entender… que Dios nos responda con un “No” a nuestra oración.

¿Por qué un Dios que ama a sus hijos no le daría todo lo que ellos piden?

La Palabra dice que Dios es  generoso y sabe darle regalos a sus hijos (Mateo 7:9-11), pero cuando ves el pasaje de hoy, a primera vista se podría decir que contradice esa verdad, ¿o no?

Sabemos por las Escrituras que Dios es Bueno (Salmo 107:1). Él es amor y sus caminos no son los nuestros (Isaías 55:8-9). Y sin embargo batallamos mucho tratando de entender por qué Dios se mueve en una situación y en otras no. ¿Por qué Él escoge sanarla a ella y no a mí? ¿Por qué un Padre amoroso dice que “no” a Sus hijos cuando ellos le llaman, le suplican que remueva ese aguijón de nuestras vidas?

Cuando vemos algunas situaciones con los ojos y el corazón enfocado en el ahora y en el aquí, es difícil entender. Es por esto que es necesario cambiar nuestra perspectiva, nuestro “enfoque”, si así lo quieres llamar.

Detrás de cada “no” que Dios nos da, existe algo más GRANDIOSO que Él tiene para Sus hijos.

Así es, Dios es generoso y un Padre maravilloso que da regalos preciosos. Y si decide responder “no”, debemos confiar que Él tiene algo muchísimo más grande reservado para nuestras vidas; algo que quizás no podemos entender o imaginar; algo por lo cual debemos caminar en fe y en obediencia.

Puedo decirte de uno o dos “aguijones en mi carne” que le suplicaba a Dios… le SUPLICABA por muchos AÑOS que los quitara de mí. Y entonces leí 2 Corintios 12:7-10, y mi Corazón empezó a sentir eso que sentía Pablo y me identifiqué mucho con su suplica a Dios.

No estamos seguros de cuál era ese aguijón en la vida de Pablo, pero lo que fuera estaba afectando su ministerio.

Desde su perspectiva, orar para que le fuera removido ese aguijón era algo bueno. Le ayudaría a ser más eficiente en su ministerio, alcanzaría más personas, en predicar más sobre el evangelio. Eso es algo bueno, ¿no? Y estoy casi segura de que él le pedía eso en sus oraciones.

Sin embargo Dios le respondía “no”.

“No”, porque Dios tenía un gran propósito para esa espina.

Ese aguijón en la vida de Pablo, un hombre que era autosuficiente, era que él se convirtiera totalmente dependiente de Dios.

A través de ese aguijón, él encontró mayor gracia y la habilidad de identificarse con otros - esas características que eran necesarias para ayudar a construir y amar el cuerpo de Cristo. Por medio de ese “aguijón” Pablo adquirió un carácter más fuerte y humildad genuina a medida que servía a Dios con todo el corazón, con la convicción de que no era él sino “Cristo trabajando a través de él.”

Y ¿cuál fue el resultado de que Dios permitiera que ese aguijón siguiera en la vida de Pablo? Que las personas que estaban a su alrededor vieran a Jesús mejor, a través de su vida! Por ese aguijón, el poder de Dios en la vida de Pablo fue demostrado.

Ahhh, ¿acaso no es ese el mayor deseo de nuestras vidas? ¿Que aquellos que están a nuestro alrededor no nos vean a nosotras sino a Jesús, a través de nosotras? Para que Jesús aumente y nosotras disminuyamos.

En mi vida, ese aguijón fue mi dificultad de aprendizaje. He compartido de esto en el libro que escribí junto a Sally Clarkson, “Eres Amada”. Así como Pablo, entendí cómo es pedirle, suplicarle a Dios que nos quite ese aguijón de nuestras vidas.

Y entiendo perfectamente ese sentimiento que viene cuando la respuesta es “no”…

Por muchos años no podía entender por qué Dios había permitido que tuviera una dificultad de aprendizaje. Quería servirle grandemente pero me sentía estropeada, dañada e inservible.

Y te soy honesta, pasé muchos años creyendo esas mentiras.

Y nada podía estar más lejos de la verdad.

No importa tu pasado y no importan los errores que cometiste, cuando le das tu vida a Jesús la Biblia nos dice que la vieja vida se va y la nueva vida toma su lugar. Dios es un experto en restaurar vidas destrozadas y hacer cosas hermosas de las cenizas. Tu NUNCA estarás demasiado estropeada, dañada o inservible para Dios.

Al igual que Pablo, con los años he aprendido que hay un propósito en mi “aguijón”.  Y aunque todavía no me gusta tenerlo, he aprendido a aceptar mi “debilidad” porque le da Gloria a mi Padre, en la manera en la que mis amigos y aquellos a mi alrededor ven Su obra a través de mi vida.

Lo sé, sin dudar ni un instante que este ministerio no lo podría manejar sin Él. Cada mañana me arrodillo antes de salir de mi habitación y le suplico a Dios que trabaje a través de mi debilidad. Que le necesito y que nada soy sin Él. Y sabiendo que soy débil, Él me hace fuerte.

“Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” 2 Corintios 12:9

¿Y cuál es el resultado de mi debilidad? ¡Que puedo presumir de mi Señor! Es solo Dios quien trabaja y trae cosas buenas a mi vida y a este ministerio… ¡es TODO SUYO!

Mi vida es para su Gloria.

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias… porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:10

Así que si Dios decidió responder a mis oraciones con un “no” y permite esos aguijones en mi vida, entonces confiaré en Él y en que tiene algo muchísimo más grande para mí.

Y esperaré en el Señor.

Desafío: Toma un tiempo para escribir cómo Dios ha trabajado en tu vida después de que ha contestado que “no” a una de tus oraciones. ¿Qué fue ese “algo” mejor que  llegó a tu vida a partir de ese “no”?

Por Angela Perritt

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