Cuando crees mentiras en lugar de creer la verdad

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El corazón de cualquier mentira es la creencia de que Dios no sabe qué es lo mejor. Creemos que nuestra sabiduría es mejor que la suya.

“Los labios mentirosos son abominación a Jehová, pero los que hacen verdad son su contentamiento” – Proverbios 12:22

Con lágrimas bajando por su cara, una de mis hijas entró corriendo a mi cuarto de baño una mañana, mientras me estaba arreglando. Enterrando su cabeza en mi pecho, exclamó: “¡Mami, haz que pare! ¡ ‘Fulana’ y ‘Mengana’ no están diciendo palabras amables! Ella me llamó por un nombre que hirió mis sentimientos. No soy una _______. ¡Ella está mintiendo!”

Hablar palabras de amor y bondad es algo que yo trabajo de forma intencional con mis tres hijas. En un mundo que insta a las mujeres a “hablar las cosas como son” para que su voz sea escuchada – incluso aunque sea gritando y llenas de ira y odio – tienes que hablar de tu “verdad” para que el mundo te escuche. Yo estoy tratando desesperadamente de enseñar a mis hijas lo contrario.

Sí, Dios nos ha bendecido a cada una de nosotras con una voz, y es importante que sintamos la libertad de compartir lo que Dios ha puesto en nuestros corazones. Pero como mujeres cristianas que somos, también tenemos una responsabilidad en la forma en la que usamos nuestra voz y nuestra libertad. Tenemos que hacerlo de una manera que honre a Dios.

Diariamente le recuerdo a mis niñas que todas tenemos una elección: podemos edificar a los demás o derribarlos de acuerdo a las palabras que elegimos. Quiero que mis niñas puedan aprender el poder de sus palabras y cómo se pueden utilizar para traer vida, ya sea animando a otros y hablando palabras de amor a su vida, o para traer muerte, por sus palabras críticas y de juicio. Quiero que mis niñas aprendan la importancia de edificar a otros a través de sus palabras.

También quiero que aprendan que sólo porque alguien dice algo sobre ti, no significa que sea cierto. Vivimos en un mundo lleno de mentiras y tenemos que enseñar a nuestros hijos, y a nosotras mismas, a escuchar la Voz de la verdad en lugar de las mentiras del mundo.

Vemos esta misma lucha con Adán y Eva. Al igual que nosotros, tenían una opción: creer que Dios es bueno y que tenía lo mejor de Él en mente, o creer la mentira de que Dios estaba ocultándoles algo bueno a ellos. Frente a la decisión de obedecer a Dios o escuchar las mentiras del impostor, Eva decide satisfacer su deseo de sabiduría en lugar de vivir su vida por fe y obediencia a Dios.

“Cuando la mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer y agradable a la vista y deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió.” – Génesis 3: 6

Y como hijas de Eva, tomamos la misma decisión.

Escuchamos lo que el mundo dice acerca de nosotros en vez de ir a la Palabra de Dios y leer lo que Él dice. Permitimos que el mundo nos hable en nuestros corazones y mentes, y nos diga lo que valemos.

Cuando Eva se sintió como si estuviera incompleta, ella le permitió a Satanás tentarla – no sólo a través de los ojos y las manos – sino en su deseo de mejorarse a sí misma. Ella sentía que necesitaba más sabiduría.

¿Y cuántas veces me he encontrado a mí misma en los zapatos de Eva? ¿Cuántas veces he sentido que no tengo suficiente? ¿Cuántas veces he deseado más sabiduría en mi vida, pero creí las mentiras del mundo en lugar de la Palabra de Verdad? Para mí, es una lucha diaria.

El corazón de cualquier mentira es la creencia de que Dios no sabe qué es lo mejor. Creemos que nuestra sabiduría es mejor que la suya.

“No moriréis,” la serpiente dijo a la mujer. “Dios sabe muy bien que, cuando coman de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” – Génesis 3: 4-5

Y esa mentira trajo la muerte. No sólo para Adán y Eva, sino para todo el mundo.

Sin embargo, debido al gran amor de Dios por nosotros, Él vino y nos rescató de todas las mentiras que hemos creído y todas las mentiras que hemos dicho, a nosotras mismas y a los demás. Y Él puso Su vida por cada una de nosotras, rompiendo la última mentira de que Dios no nos ama.

Como Adán y Eva, tenemos una opción. ¿Vamos a creer la Verdad de Dios o las mentiras de Satanás?

Cuando elegimos a caminar en la sabiduría de Dios, elegimos vivir nuestra vida en la verdad de Dios.

Amigas, podemos ser  mujeres que se complacen en la Verdad de Dios y dejar de creer las mentiras dichas a nosotros por este mundo. Seamos mujeres que conocen la verdad de Dios y que ya no escuchan a las mentiras de nuestro enemigo. Dios nos ama, es para nosotros, y es el dador de la sabiduría que buscamos. Seamos mujeres que optamos vivir nuestras vidas por la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Somos hermosas  porque Él nos creó.

Somos amadas porque nos ama.

Somos completas porque Él llena nuestros vacíos.

Las mentiras del mundo intentan aprisionarnos, pero por suerte tenemos una opción: no tenemos que escuchar al mundo. ¡Podemos elegir escuchar la voz de la Verdad!

Vamos a profundizar en la Verdad de Dios, porque Su Verdad nos hace libres…

¿Qué mentiras estás creyendo en este momento en tu vida?

Por Ángela Perritt

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