¿Cuál es tu lugar?

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Tener clara nuestra identidad nos permite ser imparables para desarrollar lo que se nos ha entregado desde el lugar que nos han asignado.

“Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.” – Lucas 1:80 RVR1960

“Este es el testimonio de Juan cuando los judíos de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. No se negó a declararlo, sino que confesó con franqueza: —Yo no soy el Cristo. —¿Quién eres entonces? —le preguntaron—. ¿Acaso eres Elías? —No lo soy. —¿Eres el profeta? —No lo soy. —¿Entonces quién eres? ¡Tenemos que llevar una respuesta a los que nos enviaron! ¿Cómo te ves a ti mismo? —Yo soy la voz del que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor” —respondió Juan, con las palabras del profeta Isaías. Algunos que habían sido enviados por los fariseos lo interrogaron: —Pues, si no eres el Cristo ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? —Yo bautizo con agua, pero entre ustedes hay alguien a quien no conocen, y que viene después de mí, al cual yo no soy digno ni siquiera de desatarle la correa de las sandalias. Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del río Jordán, donde Juan estaba bautizando.” – Juan 1:19-28 NVI

“¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.” – Gálatas 1:10 NVI

“Ustedes fueron comprados por un precio; no se vuelvan esclavos de nadie.” – 1 Corintios 7:23 NVI

Después de escuchar el devocional, medita en los siguientes puntos:

Esta mañana me levanté pensando...

...en un hombre humilde que tuvo una tarea magnífica: ser la avanzada del Señor Jesús aquí en la tierra; aquel que le abrió el camino delante de los hombres, hijo de un sacerdote reconocido en la ciudad.

1. Juan fue un hombre manso y humilde de corazón. Estaba en su mejor momento, fácilmente él hubiese podido decir que era el Mesías y todos le hubieran creído; sin embargo, siempre se mantuvo en su lugar y ocupando su posición.

2. La fuerza de la humildad nos permite desarrollarnos desde aquello que somos. La falta de humildad nos lleva a ser piedras de tropiezo cuando no aceptamos que siempre hay alguien con más conocimiento que nosotros.

3. Necesitamos tener un corazón humilde para no paralizar la obra que Dios ha empezado en nosotros. Si Juan no hubiese aceptado con humildad el propósito por el cual Dios lo había creado, el plan de salvación se hubiera destruido, pero Juan siempre anunció que venía alguien mayor.

4. “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto”. Tener clara nuestra identidad nos permite ser imparables para desarrollar lo que se nos ha entregado desde el lugar que nos han asignado. La falta de humildad nos lleva a anhelar la función que tienen otros.

5. Juan el bautista fue el poder de la humildad llevado a la acción. Todo lo que hizo fue por agradar a Dios y no a los hombres, nunca se dejó llevar por las adulaciones que le hacían y siempre buscó darle a Cristo un lugar de honor; fue por eso que menguó para que él creciera.

 


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