Cristo, nuestra confianza

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Cuando la medicina dice “no puedo” o “no conozco”, nuestro Señor sí puede y sí conoce.

“Porque decía: ‘Sí tocare tan solamente su manto, seré salva’”, Marcos 5:28

Al momento de estar enfermas o si por algún accidente caemos postradas en cama, ¿en quién depositamos nuestra esperanza de alcanzar sanidad?

Esta mujer estaba enferma hacía 12 años y todo cuanto tenía lo había gastado en los médicos que nada pudieron hacer por ella. Este caso no solo se presentó en aquellos días, hoy, a pesar de todos los adelantos científicos, la medicina se enfrenta a enfermedades que no pueden ser curadas y este límite, en sí mismo, nos señala claramente las limitaciones que como humanidad tenemos. Solamente hemos podido descubrir lo que Dios nos ha permitido.

Pero esta mujer escuchó hablar sobre Jesús, de cómo sanaba a los enfermos, de cómo liberaba a las personas de los demonios y de cómo los paralíticos, los mudos y los ciegos volvían a ser personas sin impedimentos físicos. Tal fue su entendimiento del poder del Cristo, que pensó que no necesitaba que Él la tocare, le bastaba con solo ella tocarle Su manto para ser salva.

Este mismo Jesús es nuestro Señor y Salvador. Es quién nos ha rescatado y está vivo a la diestra de Dios (Colosenses 3:1). Debemos poner nuestra esperanza en Él, porque Él es Dios (Juan 1:1); Dios, quien hizo todas las cosas (Juan 1:3), quien conoce nuestros cuerpos y que tiene poder para sanarlos. Este pasaje de la Biblia nos enseña que Cristo el Señor es todopoderoso. Bastaba tocarle. Hoy día Él sigue siendo el mismo (Hebreos 13:8) y cuando la medicina dice “no puedo” o “no conozco”, nuestro Señor sí puede y sí conoce.

Acerquémonos, pues, confiadamente a nuestro Señor en medio de nuestras enfermedades y dolores, teniendo nuestra esperanza en Él, sabiendo que en medio de nuestro dolor Él está con nosotras. Él nos creó y conoce muy bien nuestros cuerpos y cómo funcionan. Él tiene el poder para sanarnos y el poder para ayudarnos en medio de la aflicción.

Oración: Amado Dios, sabemos que mientras vivamos en este cuerpo tendremos aflicción y padeceremos dolor, pero confiamos que en medio de nuestro padecer tú estás con nosotras fortaleciéndonos, ayudándonos y sanando. Gracias por estar a nuestro lado cada día de nuestra vida. Sabemos que nada puede pasar sin que tengas el control, por eso ayúdanos a confiar en ti esperando que hagas tu voluntad en nuestras vidas. Te rogamos que seas con nosotras. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo te lo pedimos, amén.

Por Rosa Glennys Rodríguez 

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