Creyendo mentiras sobre ti mismo

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La insuficiencia no le queda bien a un hijo del Rey. Es una mentira que debemos confrontar si hemos de vivir la vida abundante.

Pasaje: Juan 10:1-10

Versículo Clave: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (v.10).

Eran cerca de las diez de la noche. Estaba cansada y un poco malhumorada. Cuando empezó el comercial, volteé mis ojos, irritada. Otro producto milagroso para rejuvenecer la piel, prometiendo darme una piel radiante y hacer desaparecer mis arrugas en ocho semanas. El rostro de la modelo resplandecía en la pantalla, hermoso. El problema es que esa chica tenía 20 años, si acaso.

"Espera a que llegues a los 40 querida", pensé.

Hay una razón por la que billones de dólares son gastados anualmente en la industria de cosméticos. Muchos de nosotros estamos contaminados con pensamientos de insuficiencia, sembrados en nosotros desde muy pequeños. Creemos mentiras sobre cómo debemos de lucir o comportarnos y por eso gastamos nuestras vidas tratando de llegar a esa medida.

Bien sea sobre la apariencia, el comportamiento o la habilidad intelectual, los individuos creen mentiras sobre su persona cada día. Cuando elegimos aceptar estas mentiras como verdades, un ciclo vicioso comienza: o crecemos con baja autoestima o inadvertidamente vivimos tratando de llegar a una meta poco realista, convirtiéndonos así en perfeccionistas. En cualquier extremo del espectro, vivimos para depender demasiado de nosotros mismos o de circunstancias externas, permitiendo así poco espacio para que Dios nos moldee en aquello que Él nos ha llamado a ser… o para hacer lo que Él nos ha llamado a hacer.

En otras palabras, limitamos el poder creativo de Dios en nuestras vidas.

¿Ha sido usted engañado anteriormente?

El acento de la maestra de francés no ayudó.  Era difícil entenderla, mantenerse al ritmo de su pequeño tamborín y recordar los movimientos coordinados de las piernas y brazos.

“Plié”, “pas de bourrée ouvert”, ¡bang! Su tamborín me pegó por mi anatomía posterior. De Nuevo. “¡Postura, Patricia!” “¡Mete el estómago!”

Yo miraba a su alumna favorita con desánimo. Tenía gracia, era delgada y tan flexible. La sonrisa de la maestra se iluminaba cuando se paraba al lado de ella. Yo tenía nueve años y quería ser una bailarina para mi papi. Él era un artista y amaba todo lo clásico. En su tiempo, Madame Nicolle era la primera bailarina de la gran compañía de ballet de Rio de Janeiro. Mi papá la vio bailar muchas veces mientras vivía en Rio cuando era joven.

Ella se había mudado a nuestra pequeña ciudad. Estar en sus prestigiosas clases de ballet era el sueño de cada niña. Pero mi sueño se destruyó rápidamente cuando me di cuenta de que no tenía el talento o el físico para ser una “prima ballerina”.

Yo estaba atravesando esa etapa común en la vida de una jovencita cuando, aunque se es una niña, nuestros cuerpos comienzan a cambiar. Yo no era nada delgada. Mi papá siempre había conectado la belleza de una mujer con una figura delgada y yo lo sabía. ¡Esa no era yo! Y aunque sé que mi papá nunca quiso causar daño, yo creí que era rellenita. Creí una mentira.

Yo comencé un ciclo de auto-depreciación. No recuerdo no haber estado en una dieta. ¡Las probé todas!

Hoy miro mis fotos a través de los años y veo a una niña saludable, delgada, a quien el espejo le dijo que era gorda.

Mi historia es muy común. Muchos hombres y mujeres viven en derrota a causa de las mentiras que ellos creen. Intencionalmente o sin intención alguna, estamos expuestos a opiniones distorsionadas sobre nosotros mismos que con frecuencia las aceptamos como verdad. Por eso, muchos se pierden de vivir una vida de victoria, vibrante, que es causada por baja auto-estima. En vez de apropiarnos de lo que Dios dice acerca de nosotros, mordemos el anzuelo y nos sentimos insuficientes, feos e inútiles.

Si este es su caso, estoy aquí para decirle que hay vida atrás de esa mentira. Dios le quiere librar del yugo de la derrota y que se apropie de lo que Él dice sobre usted:

“Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre”, Salmos 139:13

“Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”, 1 Corintios 7:23

“El que posee entendimiento ama su alma; El que guarda la inteligencia hallará el bien”, Proverbios 19:8

La insuficiencia no le queda bien a un hijo del Rey de Reyes. Es una mentira que usted debe confrontar si usted ha de vivir la vida abundante que Jesús ha prometido.

El diablo nunca va a dejar de atacarle. Él sabe que el cielo es el límite si usted entrega su todo al Shaddai, el Dios Todopoderoso para quien todo es posible.  Su primer objetivo es usar gente, circunstancias y derrotas en su vida para venderle sus mentiras. Eso es lo que el enemigo hace mejor que nada. Él espera mantenerlo dudando tan sólo lo suficiente… de esa manera, usted ni siquiera tomará el primer paso. Él quiere hacerle depender de sus sentimientos, en vez de las bendiciones inmesurables que fluyen del Trono de la Gracia. El Trono de su Papi.

No le escuche. Usted no tiene tiempo para eso. Dios tiene un plan para su vida y el diablo no lo puede parar, al menos que usted se lo permita.

No, usted no lo puede hacer por sí sólo. Pero la buena noticia es que ¡usted no está sólo! Si Él le llama, Él le equipa. Usted es quien Él dice que usted es.

Por lo tanto amigo, ¡dígale a su corazón cómo sentirse! Aprópiese de la verdad.

Y derrote la mentira.

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Erin Davis
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