Cosas que quiero contarle a mis hijos sobre sexo

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Si los padres saben responder correctamente las preguntas sobre el sexo, los hijos no tienen porqué buscar las respuestas en otros lugares.

Dentro de menos tiempo del que quisiera, estaré sentada en la mesa con alguno de mis hijos tomando un té helado y hablando sobre relaciones y sexo. Solo de pensar en esa conversación, un escalofrío recorre mi espalda… ¡Si tan solo pudieran ser pequeños siempre! Pero eso no puede ser, ellos tienen que crecer y yo tengo que ayudarlos en el proceso de convertirse en adultos.

Por eso quiero, cuando llegue el momento, decirles que muchas de las cosas que van a escuchar sobre sexo en el colegio, con los amigos o en la televisión, no son verdad. Quiero decirles que también Dios habla en Su Palabra sobre sexo, que es algo que Él ha creado y que es bueno, en el momento apropiado y en la forma adecuada. Quiero que su padre y yo seamos quienes respondamos sus preguntas sobre el sexo de la mejor manera posible para que no tengan que buscar respuestas en otro lado que no sea la Escritura.

“Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; Fuente cerrada,  fuente sellada. Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, De flores de alheña y nardos; Nardo y azafrán, caña aromática y canela, Con todos los árboles de incienso; Mirra y áloes,  con todas las principales especias aromáticas. Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano. Levántate, Aquilón,  y ven, Austro; Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta”, Cantar de los Cantares 4:12-16.

Estos versículos del Cantar de los Cantares son un canto a la virginidad de la sulamita. “Huerto cerrado; fuente (arroyo) cerrada,  fuente sellada”. Con estas tres imágenes Salomón alaba la virginidad de su amada.

La idea del jardín sugiere…

…privacidad, la sexualidad debe ser expresada en privado.

…exclusividad, la sexualidad debe ser guardada y apartada para su cónyuge.

…santidad, la sexualidad es algo santo y ambos cónyuges deben verlo como tal.

…seguridad, la sexualidad debe ser respetada y expresada en el contexto seguro del matrimonio.

El arroyo cerrado y la fuente sellada no se refieren a algo seco y sin uso, sino a algo protegido para que el agua pueda seguir el curso correcto sin derramarse hacia ningún lado.

Tanto la sulamita como Salomón reconocen el gran valor de la virginidad, algo que, a pesar de los tiempos que vivimos, debemos seguir valorando en el hogar, en la iglesia y en la sociedad en general.

Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano”.

Estas imágenes refuerzan la idea de riqueza y abundancia. El amado comprende que la virginidad de la sulamita no ha sido entregada con anterioridad, no porque fuera considerada algo insignificante y sin valor. Por el contrario, había sido protegida porque era de gran valor e importancia.

“Levántate, Aquilón,  y ven, Austro; Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta”.

Es este el momento de entregar la virginidad, la consumación del matrimonio, en el que el esposo es invitado a disfrutar de la previamente protegida y sellada sexualidad de los cónyuges. La virginidad, la sexualidad, fue protegida para darla por completo al otro, al esposo, a la esposa.

Sí, en pleno siglo XXI -y a riesgo de parecer anticuada- la virginidad, la pureza, deben ser exaltadas. El mundo quiere contarles a nuestros hijos mentiras sobre el sexo que debemos ayudarles a reconocer y a combatir para que puedan disfrutar de él de la manera en la que Dios lo diseñó.

Mentira número 1 – “La Biblia no dice nada sobre el sexo antes del matrimonio”

El alto valor puesto a la virginidad, algo que podemos ver aquí y en pasajes como Deuteronomio 22:13-29, muestra que el sexo antes del matrimonio no es correcto. Pero también lo vemos en los pasajes que hablan sobre el pecado sexual conocido en el Nuevo Testamento como “porneia”, que se traduce por “fornicación” (1 Corintios 6:13; 1 Corintios 6:18; Efesios 5:3; Efesios 5:5; 1 Tesalonicenses 4:3). Este término se refiere ampliamente a cualquier actividad fuera del matrimonio.

Mentira número 2 – “Él (generalmente es él) quiere tener sexo conmigo porque me ama”.

Su amor por ti no debería depender de si tienen sexo o no. Por el contrario ¿qué mayor prueba de amor a ti y a Dios que sacrificar los deseos de la carne y desafiar las convenciones del mundo esperando hasta estar casados? Si tu pareja quiere sexo contigo antes del matrimonio, tómalo como una señal de alerta con respecto a su situación espiritual.

Mentira número 3 – “Mi novio/a es creyente y ama al Señor, no tengo que preocuparme por eso”.

Cuando hablamos sobre deseos sexuales y tentación, los creyentes enfrentan exactamente los mismos desafíos que los inconversos. Si bien es cierto que el Espíritu Santo ayuda al creyente a resistir la tentación, también lo es que no es fácil y que hay que tener fuerza de voluntad para no caer aun siendo creyentes. 

Mentira número 4 – “Igual nos vamos a casar así que, ¿qué importancia tiene?"

Importa. Y mucho. Primero, estás poniendo valor a tu propia sexualidad. Y, segundo, estás formando un patrón; estás acordando que, en ciertas circunstancias, el sexo antes del matrimonio es aceptable, dando pie a hacer otro tipo de concesiones más adelante.

Mentira número 5 – “Podemos casarnos ante los ojos de Dios aunque no estemos casados legalmente”.

Si estuvieras en una isla desierta sin instituciones gubernamentales, esto podría ser un argumento. Pero no lo estás, estás en la civilización y debes cumplir con el estándar de Dios de celebrar tu matrimonio ante la ley.

Quiero que mis hijos sepan que hay algo muy especial en la primera relación sexual de una pareja. Es el acto físico de volverse uno, pero también implica una unión espiritual, Dios planeó que esta experiencia exclusiva de descubrimiento y placer sucediera dentro del marco del matrimonio.

Quiero que sepan que, si no esperan, se perderán una maravillosa bendición de Dios. La decisión es la de siempre: hacer las cosas a nuestra manera o hacer las cosas a la manera de Dios.

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