Contratiempos…

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El hogar es la clave que determina el rumbo y el destino de cada individuo, de la iglesia y de la sociedad.

Son muchos los contratiempos que se interponen y amenazan el sano desarrollo del hogar, tales como: egoísmo, celos, ignorancia, competencias, influencias, carencias, etc. El no reconocer y lidiar adecuadamente con ellos socavan el más grande e ilusionado amor, entorpecen todas nuestras relaciones y obstaculizan nuestro desarrollo personal.

Tal y como sucede en las empresas donde laboramos, los problemas más graves y comunes del hogar son por conflictos de personalidad. De manera que, así como el éxito de cualquier compañía depende de su personal, así el éxito de la sociedad depende del hogar, y el del hogar depende del matrimonio y de su capacidad para resolver sus diferencias.

El hogar es la primera entidad del mundo social y personal. Antes que la cultura, la filosofía y las instituciones de cualquier otro tipo fue la familia, así que ella es la pionera y la madre de la sociedad. Pero el hogar es también la clave que determina el rumbo y el destino de cada individuo.

De ahí los desvíos morales, sociales, ideológicos y espirituales que se observan en cada persona. No surgen de la nada. Por esto es tan importante el clima espiritual y emocional que se vive en el hogar donde crece y se desarrolla cada persona. Tenemos que reconocer que somos producto del hogar y no de la sociedad, con todo y las influencias que esta pueda tener sobre nuestras familias.

Nuestra crianza familiar determinará en gran manera el desarrollo de nuestro carácter y nuestro carácter determinará el curso de decisiones que tomaremos a lo largo de nuestras vidas. O sea, por los frutos o decisiones que tomamos manifestamos a otros nuestra personalidad. Nuestro carácter – y no otros o las circunstancias – es el responsable de nuestras reacciones y desarrollo en formas conocidas como: rendimiento, creatividad, temperamento, estabilidad, lealtad, responsabilidad, puntualidad, superación, educación, política, etc.

Dado que el hogar tiene una vida personal, social, cultural, económica y espiritual, en su función paterna y reproductora se debe imprimir valores bíblicos sólidos en cada una de estas áreas de la vida de sus integrantes. La sociedad y la iglesia necesitan miembros que sean luz primeramente en sus hogares.

Por eso Dios descalifica del liderazgo de su Cuerpo, la iglesia, a hombres que no han sabido mantener su hogar en orden y sujeción divina. “Porque el que no sabe gobernar bien su casa, ¿cómo cuidara de la iglesia de Dios?” (1 Timoteo 3:4-5). ¡Esto no se puede pasar por alto!

El mayor fracaso de la consejería secular consiste en que los filósofos, psicólogos y psiquiatras, además de no reconocer a Dios y las bases bíblicas, tienen pésima estructuración de sus hogares. Esto lo vemos aun en muchos hogares de líderes cristianos. Necesitamos comprender que las técnicas solo darán buenos resultados cuando, además de base bíblica, quien las aplique tenga motivaciones santas, llenas de afecto y guiadas por el Espíritu Santo.

El mal que aqueja los hogares es como un tumor canceroso en la vida de la sociedad, de manera que si el hogar no mejora o sana, la sociedad que está enferma morirá. Nos urge como mujeres, entidad familiar y comunidad cristiana arreglar el hogar, porque él es el sostén de todas las demás estructuras e instituciones del presente y del futuro.

Construyamos hogares estables, iglesias fuertes, vidas plenas y una sociedad sana. Démosle a Cristo el primer lugar en nuestra vida (Deuteronomio 11:1). Esa es la “técnica” más importante y necesaria. Todo lo demás vendrá por añadidura.

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