¿Contentos o conformistas?

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Hay una importante diferencia entre la persona conformista y la que ha aprendido a ser feliz en el nivel social donde se encuentre.

El principio del contentamiento es “aprender a estar contentos y a disfrutar de la vida sin importar el lugar en el que estemos ubicados en la escala social”.  Note que he dicho “contentos” y no “conformes”.

Hay una importante diferencia entre la persona conformista (que puede parecerse mucho a una persona haragana) y aquella que ha aprendido a ser feliz en el nivel social donde se encuentre. Uno debe tener un profundo compromiso para hacer las cosas con excelencia y avanzar económicamente en la vida. Pero al mismo tiempo debe aprender a disfrutar con intensidad cada día de su  vida.

Una buena cantidad de los problemas de deudas que vemos en nuestros días tiene que ver con gente insatisfecha con el nivel de vida que le permiten sus ingresos. Muchos en nuestro continente creen que, aunque el dinero no trae la felicidad, al menos ayuda. La creencia de que los bienes materiales pueden satisfacer nuestras necesidades emocionales y espirituales, traernos alegría, amor y paz, es una equivocación.

El dinero puede comprar una casa, pero no puede construir un hogar; puede pagar por la educación, pero no compra la sabiduría; puede facilitar los medios para un trasplante de corazón, pero no puede proporcionarnos amor. La prosperidad integral no depende exclusivamente de nuestra capacidad económica sino de la forma como elegimos vivir cada día; de una actitud del corazón más que del estado de una cuenta bancaria.

El Señor Jesús dice en el capítulo 6 de San Mateo: “¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”. Un importante principio para recordar sería que la tarea más importante en la vida es justamente vivir. “Vivir” significa mucho más que meramente existir; significa dejar de correr detrás de las cosas materiales y superficiales, y comenzar a perseguir las cosas más valiosas de la vida.

Aprender a “vivir”, entonces, significa descubrir la tarea para la cual hemos nacido; poner en práctica los talentos y dones que Dios nos ha dado; concentrarnos en las cosas trascendentes, como servir y enriquecer la vida de nuestro cónyuge, amar y enseñar a nuestros hijos; desarrollar nuestra vida personal y profundizar nuestra vida espiritual. El Señor Jesús dijo en San Lucas 12:15: “La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

Propóngase hoy darle una mirada sincera al lugar donde se encuentra en la escala social de su país. Pregúntese: “¿Tengo paz en mi vida económica?” Si no tiene paz en el contexto económico que le toca vivir, quizás es hora de tomar algunas decisiones importantes, tanto financieras como familiares y personales. Ajuste su nivel de vida y en lugar de correr detrás de metas económicas, decida ser feliz. Usted es el único que puede hacerlo, yo no puedo cambiar su actitud frente a la vida. Lo tiene que hacer usted y lo puede hacer hoy mismo.

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