Contando el costo

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Si Dios nos pide que carguemos nuestras propias cruces, es porque podemos estar seguros de que Él hará el trabajo pesado por nosotros.

(Jesús dijo:) «Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre, ni a su mujer y sus hijos, ni a sus hermanos y hermanas, y ni siquiera a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de ustedes que quiera levantar una torre, no se sienta primero a calcular los costos, para ver si tiene todo lo que necesita para terminarla? No sea que después de haber puesto los cimientos, se dé cuenta de que no puede terminarla, y todos los que lo sepan comiencen a burlarse de él y digan: “Este hombre comenzó a construir, y no pudo terminar.”Así también, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.Lucas 14:25-30, 33

Hace algunos años había un joven que corría maratones en todo el país. Desafortunadamente, desarrolló una infección tan grave que fue hospitalizado. La misma pierna que lo había llevado a la meta ahora no podía siquiera llevarlo al baño sin ayuda. Toda su fuerza no era suficiente.

Jesús nos señala una paradoja similar en nuestras vidas cuando nos advierte que calculemos el costo de seguirlo, dando el ejemplo de un hombre que construye una torre. Si el hombre tiene algún juicio, considerará sus recursos y decidirá si está listo para asumir los desafíos o no. Deberíamos hacer lo mismo, dice Jesús.

Pero, ¿cuál es el costo real de seguir a Jesús? Veamos lo que él dice: "Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre, ni a su mujer y sus hijos, ni a sus hermanos y hermanas, y ni siquiera a su propia vida...". Y aún más: "no renuncia a todo lo que tiene..." ¡Me rindo! No hay forma de que pueda pagar este precio. No tengo lo que se necesita. Si quisiste convencerme, Señor, lo has logrado. Soy un fracaso antes de comenzar.

Es en este punto que parece que escucho a Jesús decir: Muy bien, con esa actitud ahora puedo trabajar. “Para los hombres, esto es imposible, pero para Dios todo es posible” (Mateo 19:26b).

El joven del hospital no tenía fuerzas, pero sí tenía un andador, médicos, medicina y padres que lo amaban. Juntos lo llevaron a donde tenía que ir, ya fuera al baño o a la curación final y completa. Nosotros, pobres pecadores heridos, tampoco tenemos fuerzas, pero sí tenemos a Jesús. Y si nos pide que carguemos nuestras propias cruces, podemos estar absolutamente seguros de que hará el trabajo pesado por nosotros, porque ya ha llevado nuestra cruz, con todo nuestro pecado, culpa y vergüenza, todo el camino hasta el Calvario.

Jesús es nuestro Salvador, nuestra fuerza, nuestra ayuda. Hemos contado el costo. Nos hemos dado cuenta de nuestra propia debilidad y estamos destrozados. Pero Él es fuerte más allá de todo conocimiento, y con gusto nos llevará, nos sanará y nos hará suyos. Porque nos ama.

ORACIÓN: Querido Señor, no tengo nada, pero te tengo a ti. Gracias por darme todo. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿En qué situaciones tus cualidades, fortalezas o posesiones te han decepcionado?

2. ¿Cómo te ayudó Jesús en esas situaciones?

Por: Dra. Kari Vo

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