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Conoced que yo soy Dios

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Nada fortalece más nuestra fe y vínculos afectivos hacia Dios que pasar por una crisis donde Él manifiesta Su misericordia y perdón.

“Conoced que yo soy Dios”, Salmos 46:10

¿A quién es comparable o semejante tu Dios?

Mediante los sucesos acontecidos en Egipto y la travesía del desierto, Israel, quien tenía una imagen borrosa de Dios, aprendió mucho acerca de Su carácter. Entre otras cosas, aprendió que Él ama, disciplina y perdona a los suyos.

Bendito Dios que Su camino es siempre un camino de perdón. ¡Ay de nosotras si fuera solamente un camino de perfección! Al igual que Israel, tú y yo continuamente fallamos, pero qué bueno es saber que Él nos perdona y acepta por medio del sacrificio que Jesús hizo a favor nuestro. De no haber sido así, ya habríamos sido consumidas... Pero nunca decayeron sus misericordias (Lamentaciones 3:22).

Nada fortalece más nuestra fe y vínculos afectivos hacia Dios que pasar por una crisis donde Él manifiesta Su misericordia y perdón. Sea que hayamos pecado o que el enemigo nos acose “Jehová de los ejércitos está con nosotras...” (Salmos 46:11).   

Israel es el mejor ejemplo de que detrás de cada obstáculo y disciplina por el pecado hay una enseñanza que nos revela una faceta diferente del carácter de Dios. Esos sucesos nos ayudan a enfocar mejor nuestro entendimiento y conocimiento acerca de Él. Es por eso la exhortación en medio de las dificultades a: “estad quietas y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10).

Fueron las pruebas las que ayudaron a David a contemplar, definir y comprender mejor a Dios. Fueron las dificultades las que llevaron a Pablo a un encuentro personal con Jesús. Y fue la ira, el celo y la disciplina de Dios las que llevaron a Moisés y al escritor de Hebreos a concluir que Dios es fuego consumidor.

Amadas, en cada momento de nuestra vida Dios está presente y activo. Si prestamos atención, conoceremos personalmente algo más acerca de Su carácter y de nosotras mismas. Esa comprensión, en consonancia con lo que nos enseña la Biblia, nos ayudará a vivir vidas teológicamente más de acuerdo con Sus principios y voluntad.

Oración: Dios y Padre Bueno, gracias por las pruebas y disciplina que me han permitido conocerte y amarte más. ¡Bendito seas! En el nombre de Jesús, amén.

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