Confianza plena

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En medio del sufrimiento, la fe establece un camino de salida.

“¡Quien me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí. Aunque mi adversario me forme proceso”, Job 31:35

¿Estás pasando por una aflicción intensa? Tal vez la consideres como de tremenda gravedad. Mira por un instante a Job; estaba enfermo de tal manera que su piel se deshacía y los gusanos asomaban por ella. El aliento era tan fétido que no podía estar cerca de alguien. Su comezón era tal que debía acudir a la aspereza de una teja para sentir un poco de alivio. No podía vivir en su casa, de modo que se trasladó al basurero, sentándose en la ceniza que se producía al quemar los deshechos de la casa.

Su gran riqueza había desaparecido. Sus hijos habían sido muertos por merodeadores. Su mujer le despreciaba. Sus amigos creían que todo aquello era resultado de un juicio divino por pecado oculto y sin confesar en su vida. No fue capaz de convencerles de su inocencia a pesar de que lo intentó una y otra vez. Desechado de todos y, lo más grave, viviendo la experiencia tremenda del silencio de Dios. Cansado, abrumado, entristecido, enfermo, solo, dice: “¡Quien me diera que me oyese!”. De otro modo, necesito que alguien me crea.

En medio del sufrimiento, la fe establece un camino de salida. Confía que Dios testificará por él. Es decir, que hará entender a quienes le despreciaban, acusaban y no creían, que no era como ellos pensaban. Que su prueba no procedía del pecado sino de la incomprensible permisión divina. Es la reiteración de lo que había dicho antes: “Dame fianza, oh Dios, sea mi protección cerca de ti. Porque ¿quién querría responder por mí?” (17:3).

Cuando todo se desmorona la fe se aferra firmemente en Dios. Los adversarios podrán formar un proceso, es decir, emitir juicios de acusación, pero, al fin y al cabo son sólo hombres. La enfermedad podrá minar las fuerzas, pero sobre ella está el Médico Divino. Las pérdidas más grandes y los daños más irreparables son como nada para Quien tiene todo el poder en cielos y tierra. Cuando la situación es extrema sólo queda la confianza en Dios y el silencio.

Después de esta manifestación de dependencia, Job iba a dejar de hablar. Más abajo leemos: “Aquí terminan las palabras de Job”. Es en ese momento cuando Dios va a hablar, sanar, restaurar y bendecirle el doble. Va a transformar la enfermedad en salud, las lágrimas en gozo, las pérdidas en ganancias, las dudas en seguridad.

Debo aprender hoy la lección del versículo y sentir la grandeza de la paz que surge de la segura confianza en Dios. Nada habrá en mi vida que no esté bajo Su control. Ninguna circunstancia adversa ocurrirá sin que Él la conozca y la permita. El camino de la calma está en guardar silencio delante del Señor, luego de haberle entregado mi carga. Tengo la experiencia de lo difícil que es esperar en Él en medio del turbión violento de la vida. He pasado por pruebas y dificultades grandes. Cuántas veces sentí como que Dios se había olvidado de mí. Pero, cuando guardé silencio delante de Él, comenzaron a revertirse mis pruebas y a sentir tranquilidad en la inquietud.

Oración: ¡Oh, Señor! Que pueda sentir ahora y siempre que el Omnipotente testificará por mí, para que nada pueda hacerme perder la paz. En el nombre de Jesús, amén.

 

Por Samuel Pérez Millos

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