Con mi Espíritu

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¿Por qué persistimos en luchar si tenemos a nuestra disposición los recursos de Su gracia?

“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu”, Zacarías 4:6

¿Has procurado salir de alguna situación difícil y no lo has conseguido? ¿Has intentado superar el monte de la tristeza o el collado de la angustia y no lo logras? ¿Estás a punto de abandonar la lucha porque es superior a tus fuerzas? Entonces necesitas detenerte un momento y considerar las palabras del versículo.

Dios advierte que el camino de la victoria no es “con ejército, ni con fuerza, sino con su Espíritu”. De otro modo, no eres tú quien conseguirá triunfar, es Dios el único que puede hacerlo.

Debo recordar que soy hijo de Dios, miembro de Su familia por la acción del Espíritu que me fue dado cuando, sin esperanza, acudí por fe al Salvador y le entregué mi vida. El gran regalo de Dios fue poner Su Espíritu en mi corazón. Él hizo la obra de regeneración dándome un corazón nuevo. Desde entonces no sólo está conmigo, sino que está en mí. Lo hace para darme todos los recursos necesarios para vivir una experiencia de victoria continua, mientras recorro el camino de mi peregrinación y llego a la Ciudad Celestial, donde estaré para siempre con el Señor.

El cambio operado en mi vida no fue trabajo mío, sino la obra del Espíritu en mí. Ahora está empeñado en una difícil tarea, hacerme semejante a Jesús. Sería imposible para mí. Nunca conseguiría amar desinteresadamente, sentir gozo en la tristeza, disfrutar de paz en medio del conflicto y experimentar la paciencia en la adversidad, si el Espíritu no trabajase para transformar mi vida a la imagen del Señor. Nunca alcanzaría la santidad para el testimonio diario si no fuese por la poderosa obra del Espíritu Santo.

Muchas veces yo pretendo conseguir lo que no me es posible por mi propia naturaleza. He tratado de obedecer las demandas de Dios, busqué con ahínco alcanzar las metas que leo en su Palabra y me he retirado frustrado y fracasado. Debo entender que no es por mi esfuerzo, sino por la omnipotencia del Espíritu, porque “Dios obra en nosotros así el querer como el hacer por Su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

Tal vez me sienta hoy afligido, entristecido y desalentado. No sé qué camino seguir o que determinación tomar. Es posible que haya buscado con decisión la salida al problema que me acosa y no lo he conseguido. Entonces debo sentir que se requiere algo que no tengo para lograrlo. Dios me llama a entregarle mi carga, a poner en Su mano mi problema y a descansar en Él.

¿Por qué luchar yo si tengo a mi disposición los recursos de Su gracia? Es posible que esté buscando afecto y me sienta desamparado. Acaso no encuentre una mano amiga que se extienda para ayudarme a superar la dificultad que me aflige. Entonces debo oír la voz de Dios que me dice: “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu”.

Esta es su invitación personal: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cansados y yo os haré descansar”. Con el torrente de Su gracia y la infinita dimensión de Su misericordia, me muestra el camino victorioso: “No eres tú, sino yo; no son tus fuerzas sino las mías; no son tus recursos, sino mi gracia”.

Oración: Oh, Señor, ayúdame a entender que sólo por tu Espíritu puedo ser más que vencedor. En el nombre de Jesús, amén.

Por Samuel Pérez Millos 

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