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Con Dios cada mañana es como Navidad

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Desde el momento en que abrimos los ojos, tenemos la oportunidad de conocer un amor que supera cualquier regalo que se nos haya dado.

Pasaje Bíblico: “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!”. Lamentaciones 3:22-23

Cuando era niño, la mañana de Navidad era siempre el punto culminante de mi año. Apenas podía dormir la noche anterior mientras esperaba que llegara el momento de abrir los regalos que mis maravillosos padres me habían comprado. Todavía sonrío al recordar la alegría desenfrenada que sentía al escuchar mi alarma en la mañana, sintiendo la expectativa por lo que vendría.

Santiago 1:17 nos dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras”. Y Lamentaciones 3:22-23 dice: “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!”.

Cada mañana con Dios puede ser como la mañana de Navidad. Desde el momento en que abrimos los ojos, tenemos la oportunidad de conocer un amor que supera cualquier regalo que se nos haya dado. Desde el momento en que nuestros pies tocan el suelo, podemos experimentar planes perfectos y agradables que el Señor ha preparado para nosotros.

Cada momento de nuestro día es una oportunidad de recibir más y más gracia, más y más amor. Cada encuentro con una persona es una oportunidad para ver a Dios moverse y trabajar a través de nosotros y a través de ellos. Cada tarea que se nos da es una oportunidad para experimentar la unción y el poder del Espíritu Santo. Incluso en las pruebas y tribulaciones, se nos da la oportunidad de experimentar una paz celestial y eterna que trasciende nuestras circunstancias. Aun en el dolor y la pérdida, se nos da la oportunidad de experimentar el corazón amoroso y compasivo de nuestro Padre que se agacha hacia nosotros y nos encuentra donde estamos.

Si lo permitimos, Dios convertirá cada momento en una oportunidad para experimentar la plenitud de su amor. Si ponemos nuestros ojos en Jesús con fe y lo dejamos entrar en cada parte de nuestros corazones y días, viviremos vidas llenas de los asombrosos regalos de parte de un Dios con recursos ilimitados.

Que esta época navideña sea un recordatorio de que todos los días del año son buenos para Dios. Que los regalos que recibamos sean un recordatorio de que todo lo bueno, tanto en Navidad como durante todo el año, proviene de las manos de nuestro amoroso Padre celestial. Y que podamos despertarnos cada día con la alegre expectativa de experimentar el amor constante de nuestro Creador que siempre está presente.

Tómate un tiempo en la oración guiada para meditar en el deseo de Dios de darte buenos regalos y encontrar descanso en su presencia que da vida.

Guía de Oración:

1. Medita en el deseo de Dios de darte regalos buenos y perfectos.

“Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras”. Santiago 1:17

2. Pasa un tiempo abriendo tu corazón para recibir la presencia de Dios. Entrégale a él cualquier cosa que te esté pesando para que puedas experimentar una paz misericordiosa.

“El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!”. Lamentaciones 3:22-23

3. Pídele a Dios una revelación de los buenos regalos que tiene para ti. Pídele que te ayude a mantenerte enfocado en él para que puedas tener ojos para ver todas las formas en las que te está bendiciendo.

“Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman”. 1 Corintios 2:9

Que Dios te conceda hoy una perspectiva eterna para ver las cosas como él las ve. Que tengas la visión correcta para ver tus circunstancias y relaciones a la luz de la gracia continua de Dios. Que tu corazón se vuelva cada vez más blando al ver la abundante provisión de Dios sobre ti. Y que el resultado de todo esto sean oraciones incesantes de acción de gracias que deleiten el corazón de tu Padre celestial.

Lectura Complementaria: Salmo 30

Por Craig Denison

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