Comprometidas

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El Señor ya nos dotó de las herramientas necesarias para cumplir cada rol que nos ha tocado desempeñar.

“Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz”, Romanos 10:15b

Casi todas las mujeres soñábamos con la llegada del príncipe azul -aquel hombre que nos rescataría de la soltería- y cuando llegó, mostramos con gozo el anillo que evidenciaba el compromiso que habíamos asumido. Con el paso de los meses, y en algunos casos años, se consumó el matrimonio adquiriendo muchos beneficios, pero también muchos compromisos.

De repente adquirimos el título de esposa, ama de casa, nuera y madre, además de los títulos de hija, hermana, amiga y empleada que con anterioridad muchas teníamos. Hemos adquirido estos compromisos por amor, y por la gracia de Cristo estamos en pie. El Señor, quien nos diseñó, también nos dotó de las herramientas necesarias para cada uno de los roles que nos ha tocado desempeñar en la sociedad.

Como mujeres de Dios también tenemos tareas que cumplir en nuestras congregaciones. Por la gracia de Cristo nuestras iglesias tienen tantos ministerios en los cuales podemos colaborar, que la excusa del tiempo o la falta de habilidad o preparación para no hacer nada no son suficientes.

Ministerios como la oración, la escuela dominical, la visita a los enfermos, la visitación a las cárceles, las jornadas de ayuda a los desvalidos y la predicación en las calles, son algunas de las tareas que no necesitan una preparación específica  para su desempeño.

El diamante en su estado primitivo es solo una roca, pero en las manos de un experto adquiere un valor incalculable. Pensemos que si alguien no hubiese estado dispuesto a donar su tiempo y esfuerzo para predicarnos, tal vez estuviéramos todavía perdidas, sin Dios y sin esperanza.

Amada, si no estás colaborando en ningún ministerio, es tiempo de poner manos a la obra. Tienes muchos talentos quizás sin descubrir y debes llevarlos a los pies de Cristo y pedirle que los use para su gloria. Revisemos nuestro compromiso con Cristo y la expansión de Su reino. Recordemos que con el amor por el Amado viene el deseo de agradarlo, y con el deseo de agradarlo viene el de servirle. 

¿Estás comprometida con tu Príncipe de Paz, con Aquél que te rescató de las tinieblas a Su luz admirable?

Oración: Padre Santo, Padre Bueno, que el orgullo no sea un impedimento para que te sirvamos. Pon en nosotras el querer como el hacer por tu buena voluntad. En Cristo te lo pedimos. Amén.

Por Belinda Castellanos

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