Compartiendo la mesa

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Para Jesús, cada momento al rededor de la mesa significaba más que sólo comer... y nosotros podemos seguir su ejemplo.

“Los discípulos entonces se decían entre sí: ¿le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra”, Juan 4:33-34

Como mujer latina que soy, me encanta cocinar y, por supuesto, comer aquello que cocino. Sin embargo hay un deleite mayor que creo compartir con todo cocinero: compartir con mis familiares y amigos aquellas comidas que son mi especialidad.  

Me da tanto placer el poder brindar a mi esposo e hijos las comidas que me piden, y soy intencional buscando oportunidades para invitar a mis allegados a compartir la mesa. 

También Jesús, durante su ministerio, dio mucha importancia al hecho de compartir la mesa; la compartió con sus amigos y con  aquellos que lo invitaron, aunque no tuvieran una buena reputación. Para Jesús no era una simple comida lo que compartía, eran momentos especiales, donde compartía el alimento espiritual con los necesitados, donde se deleitaba haciendo lo que más le gustaba: Dar a conocer al Padre. Él saciaba no solamente con pan, sino con su Santo Espíritu.

Amadas hermanas, al igual que Jesús, estamos llamadas a compartir nuestro mayor deleite, el cual, por supuesto, debe ser Dios y su obra con aquellos que no lo conocen. Debemos ver el Evangelio como una mesa servida a la cual queramos invitar a todos nuestros seres queridos y a toda mujer hambrienta; puesto que solo Cristo puede saciar sus almas.

Oración: Padre, que tu Palabra se convierta en nuestro alimento preferido, y que tu pongas en nosotras el anhelo de darla a conocer a toda lengua, pueblo y nación. En Cristo te lo pedimos, amén. 

Por Belinda Castellanos

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