Comparte el Evangelio

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No dejes pasar el tiempo sin compartir con los demás el mayor regalo que podrán recibir jamás y que tú ya recibiste.

“Os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día.” – 1 Corintios 15: 3-4

Estaba extremadamente cansada, así que, por supuesto, la rutina de antes de dormir fue la más larga de la historia.

Nos abrazamos.
Cantamos alabanzas.
Compartimos los altibajos del día.
Oramos.

El gozo se unía con la tristeza. Y, entonces, la larga lista de preguntas sobre Dios comenzó a salir de la boca de mi hija de ocho años.

“¿Cómo sé que me ama realmente? Creo en Dios, pero, ¿cómo puedo verle obrar en todo momento? Si Él es tan poderoso, ¿por qué no todo el mundo cree en Él?”

Y aunque llevo muchas más décadas de fe que ella, yo también necesito los recordatorios de Su perfecto amor y soberanía en mi vida cuando la duda avanza y amenaza con oscurecer la Verdad.

Así que nos predicamos el evangelio a nosotras mismas cada día.

Cristo murió.
Fue enterrado.
Resucitó.

No hay amor más grande. A través de Su muerte, mi pecado fue pagado. A través de Su resurrección, la muerte terminó en victoria. Así que hoy no debo vivir enterrada por la oscuridad de este mundo.

“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” – 1 Corintios 15:54-57

¿Quién en tu vida necesita la esperanza del evangelio hoy? Ora y no dejes pasar el tiempo sin compartir con ellos el mayor regalo que podrán recibir jamás.

¿No sabes por dónde empezar? Comienza con lo que Jesús ha hecho por ti y respalda esas verdades con la Palabra de Dios.

Dios te ama.

Incluso cuando sientas que no lo mereces o que el mundo está en tu contra, Dios te ama – sí, a ti – y Él te ha creado para un gran propósito.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” – Juan 3:16

Nuestro pecado nos separa de Dios.

Todos somos pecadores por naturaleza y por elección, y a causa de eso estamos separados de Dios, que es santo.

“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” – Romanos 3:23

Jesús murió para que tú puedas tener vida.

La consecuencia del pecado es la muerte, pero tu historia no debe terminar ahí. El regalo de Dios de la salvación está disponible para nosotros porque Jesús tomó la culpa por nuestro pecado cuando murió en la cruz.

La Palabra de Dios dice “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23); “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8).

¡Jesús vive!
La muerte no pudo vencerlo y tres días después de Su muerte resucitó, venciendo el pecado y a la muerte para siempre. Él vive ahora en el cielo y está preparando un lugar en la eternidad para todos aquellos que creen en Él.

La Palabra de Dios dice: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:2-3)

Aceptar a Jesús es el único camino a la salvación.

Aceptar a Jesús como Salvador no se trata sobre lo que puedes hacer, sino sobre tener fe en lo que Dios ya ha hecho. Implica reconocer que eres pecador, creer que Jesús murió por tus pecados y pedir perdón poniendo tu confianza en la obra de Jesús en la cruz en tu favor y en Su sangre derramada.

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Romanos 10:9-10)

¿Con quiénes puedes compartir las buenas noticias de la salvación que tenemos en Cristo?

Por Whitney D.

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