Como hijas del Rey

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Como cualquier traje, cada día debemos usar cada parte de la vestidura espiritual que nos representa como hijos de Dios.

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia...” Colosenses 3:12

El rey se acerca montado en su caballo. Desde lejos, el pueblo pudo darse cuenta de quién era, le reconocieron, se inclinan con reverencia ante él. Todos se alegran y exclaman con voz fuerte ¡El Rey, El Rey! No hay lugar a dudas en el corazón del pueblo, su rey ha vuelto y celebran por esto. ¿Por qué el pueblo conoce a su rey desde lejos? No es por verle la cara, estaba lejos aún, sino porque reconocen sus vestiduras, estaba vestido como ¡El Rey!

Nosotras, como hijas de Dios, compradas por la sangre de Cristo, debemos ser reconocidas desde lejos al igual que este rey, porque estamos ataviadas con el vestido que deben portar las hijas de Dios. Este no es un vestido hecho con tela, es el vestido hecho por el Espíritu Santo en el interior del corazón, transformando lo que somos para ser lo que Dios quiere. Esta transformación se muestra por medio de nuestras acciones, de nuestro comportamiento.

Vestidos, pues, como escogidos de Dios…” Es un mandato que indica que tenemos necesariamente que hacerlo. Así como un vestido, que es algo con lo que no nacemos puesto sino que lo adquirimos, estas virtudes debemos adquirirlas también, debemos buscar tenerlas y mostrarlas en nuestro diario vivir. Por nosotras mismas no será posible, pero tenemos en nuestras vidas al Espíritu Santo, quién nos prepara, nos da las fuerzas y nos enseña, para que podamos adquirir las virtudes que deben vestir a las hijas de Dios, escogidas en Cristo.

La santidad, la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre, soportar a los demás sus faltas, el perdonar y el amor, es el vestido que debemos llevar puesto, que debe identificarnos, que debe ser el distintivo nuestro. Nuestras palabras y nuestras acciones glorificarán a Dios, pero también nos identificarán como hijas de Él.

¡Que todos los días de nuestras vidas, en todas las cosas que hagamos, nuestro vestido sea resplandeciente y que no deje lugar a dudas de lo que hemos adquirido en Cristo!

Oración: Amado Dios y Padre, gracias que en Cristo nos has escogido; permite que esto que has hecho sea manifestado por medio de nuestra conducta y forma de ser, para que podamos mostrar tu obra en nosotras. Te lo pedimos en Cristo Jesús, amén.

Por Rosa Glennys Rodríguez 

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