Colapso

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En las situaciones más difíciles, ¿prefieres desahogarte y hasta "quejarte" con Dios o con alguien más?

¿Hasta cuándo, Señor, te llamaré y no me harás caso? ¿Hasta cuándo clamaré a ti por causa de la violencia, y no vendrás a salvarnos? ¿Por qué permites que vea yo iniquidad? ¿Por qué me haces espectador del mal? ¡Sólo veo destrucción y violencia! ¡Ante mis ojos surgen pleitos y contiendas! Por eso tu ley carece de fuerza, y la justicia no se aplica con verdad. Por eso los impíos asedian a los justos, y se tuerce la justicia. Decidí mantenerme vigilante. Decidí mantenerme en pie sobre la fortaleza. Decidí no dormir hasta saber lo que el Señor me iba a decir, y qué respuesta daría a mi queja… – Habacuc 1:2-4; 2:1-2a

Cuando mi hijo era pequeño, un día que regresábamos a casa de la iglesia se puso muy, muy malhumorado. Necesitaba una siesta desesperadamente, pero no se podía dormir en el auto de ninguna manera. Estaba tan enojado, que ni siquiera sabía de qué estaba enojado. Entonces me comenzó a gritar. Y me gritó todo lo malo que se le ocurrió, al punto de gritarme: "¡Te odio, mami! Te odio, mami. Te odio. Te odio. ¡Te odio!” De repente hubo una ruptura en el odio y en un tono de voz totalmente normal, preguntó: "¿Puedo tomar un poco de jugo cuando lleguemos a casa?” Le dije: "Claro, cariño", y él dijo: “Gracias". Luego volvió a gritar: "¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio!"

Una vez le conté esta historia a una persona y quedó horrorizada: no comprendió la verdadera lección de la historia, que tiene que ver con el amor y la confianza. Mi hijo podía dejarse llevar por ese comportamiento porque estaba totalmente seguro de que yo aún lo amaría, sin importar lo que hiciera o dijera. No lo iba a dejar en la calle. Ni siquiera le iba a quitar su jugo de fruta, y él lo sabía. Mi niño podía sufrir un colapso porque sabía que su madre era confiable.

Y eso es básicamente lo que Habacuc está haciendo en este pasaje de la Biblia, donde le dice muchas cosas duras a Dios: lo acusa de no escuchar, de ignorar el mal, incluso de obligarlo a mirar mientras suceden cosas perversas. Nada de eso es justo para Dios. Pero en realidad no importa, ¿verdad? Porque Habacuc sabía lo mismo que sabemos nosotros: que Dios nos ama, se preocupa por el mal, tiene la intención de salvarnos y rescatarnos y poner fin a las cosas terribles que nos rodean.

Mira lo que hace Habacuc cuando termina de gritar: queda atento a la respuesta de Dios. Esa es su versión de: "¿Puedo tomar un poco de jugo?" Él confía en que Dios no lo abandonará. Más aún, confía en que Dios le responderá y solucionará la terrible situación por la que está tan molesto. Y, efectivamente, Dios le responde.

¿Cómo es contigo? Quizás estés pasando por una situación difícil. ¿Puedes quejarte con Dios? Claro que sí. Dios te dice: “Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

Pero Dios hizo más que darnos una promesa: él actuó para salvarnos. Dios vino a este mundo lleno de males y se convirtió en uno de nosotros, en Jesucristo hombre. Para rescatarnos del poder de la muerte, el pecado y el mal, él dio su vida por nosotros en la cruz y al tercer día resucitó, quitándole el poder a la muerte… y promete compartir esa victoria con nosotros, ¡todos nosotros! los que confiamos en Él y clamamos por ayuda.

ORACIÓN: Querido Señor, rescátanos de los males que nos rodean. Ven pronto a ayudarnos, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.

Preguntas de reflexión:

1. ¿A quiénes les permites verte en tu peor momento?

2. ¿Te sientes bien permitiendo que Dios te vea en tu peor momento? ¿Por qué sí o por qué no?

Por: Dra. Kari Vo

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