Chismes y juicios

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Solo hay una solución permanente a la tentación de chismear, y es que debemos aprender a amar a nuestro prójimo.

Es mejor que se te invite a subir, y no ser humillado en presencia del príncipe. Lo que veas con tus propios ojos no lo pongas enseguida en disputa, no sea que al final no sepas qué hacer, y tu prójimo acabe por ponerte en vergüenza. Defiende tu caso ante tu compañero, y no reveles a nadie el secreto; no sea que alguien te oiga y te deshonre, y ya no puedas reparar tu mala fama. – Proverbios 25:7b-10

¿Alguna vez te han juzgado mal?

Una vez conocí a un hombre que trepó por el exterior de una casa tratando de entrar por una ventana del segundo piso. Un año o dos después, fue acusado públicamente de tener una aventura con la joven que vivía en esa casa. "Estaba tratando de trepar por su ventana para que su madre no lo supiera", dijo el acusador. “¡Lo vi con mis propios ojos!"

Desafortunadamente para el acusador, yo también lo vi con mis propios ojos. Yo estuve ahí. La madre de la mujer lo había llamado porque su hija se había encerrado en su habitación y había amenazado con suicidarse. No hubo respuesta cuando llamó por la puerta, y temía que su hija estuviera muerta en la habitación. Por eso le pidió al hombre que trepara la pared.

Sacar conclusiones es un rasgo muy humano, pero también es terriblemente dañino. Los chismes y los rumores pueden destruir las relaciones y la reputación. Dios nos advierte sobre esto porque nos ama y no quiere vernos perjudicados. ¡Tampoco quiere vernos dañar a nuestros vecinos!

Pero no es fácil controlar el impulso de chismear, juzgar, llegar a una conclusión. ¿Y has notado que esas conclusiones siempre son malas? Nadie parece saltar a conclusiones halagadoras. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien chismear sobre el buen comportamiento de otra persona?

El chisme es muy difícil de resistir. Como dice la Biblia: “Los chismes empalagan, pero calan hasta lo más profundo” (Proverbios 18:8).

Solo hay una solución permanente a la tentación de chismear, y es que debemos aprender, realmente aprender, a amar a nuestro prójimo. Es mucho menos probable que difundamos juicios perjudiciales sobre las personas que amamos. Más bien protegeremos su reputación lo mejor que podamos, ya sea que estén presentes para escuchar la conversación o no. Y si nos encontramos con algo que a primera vista parece perjudicial, algo que nos hace sospechar que están involucrados en el mal, se lo diremos en privado, en lugar de difundirlo.

Pero eso solo complica el problema un nivel más. Ahora la pregunta es: "¿Cómo podemos aprender a amar a nuestro prójimo?" No es algo natural para nosotros. Solo podemos hacerlo si el Espíritu Santo de Dios está viviendo en nosotros, amando a esas personas a través de nosotros, haciéndolo por nosotros.

El apóstol Juan nos dice: "Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero" (1 Juan 4:19). Aunque pudo haberlo hecho, Jesús se negó a juzgarnos y condenarnos por nuestras vidas desastrosas. En cambio, vino a ser nuestro Salvador, a sufrir y morir por nosotros, a resucitar de entre los muertos por nosotros y a transformarnos con su poder. Nos está haciendo más y más como él. "Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu", escribe Pablo (Romanos 8:1). Y, con la ayuda del Espíritu Santo, aprenderemos a mostrar esa misma misericordia a los que nos rodean.

ORACIÓN: Querido Señor, gobierna mi lengua y déjame hablar con el cuidado y el amor que tú hablas. En Jesús. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Qué haces cuando estás tentado a chismear?

2. ¿Cómo ha usado Jesús su palabra para amarte y cuidarte?

Por: Dra. Kari Vo

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