Carne y polvo

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Debemos entender que nuestras fortalezas provienen únicamente de Dios y no de nosotros mismos.

“Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”, Números 12:3 

Qué consolador es saber que la Biblia no oculta las debilidades de carácter de sus grandes hombres, sino que también, con ecuanimidad, exalta sus fortalezas de espíritu como ejemplo para nosotras. Hoy encontramos uno de los más hermosos piropos de todas las Escrituras. Refiriéndose a Moisés nos dice que “aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”. Y no fue una falta de modestia de parte de Moisés al escribir esta declaración maravillosa sobre sí mismo, sino que el Espíritu Santo, que lo inspiraba a él, permitió que así constara en la Biblia como testimonio para mil generaciones.

Ahora bien, ¿a qué se refieren las Escrituras al decir que Moisés era el más manso de todos los hombres? Mansedumbre no quiere decir debilidad de carácter, ni impotencia, ni es la incapacidad o la inseguridad para tomar decisiones de peso. Mansedumbre tiene que ver con mantener un equilibrio entre dos extremos emocionales; mansedumbre es balance de ánimo, ecuanimidad, es fuerza bajo control. Un león manso tiene todas sus fuerzas para hacer mucho daño, sin embargo, esas fuerzas están bajo control, eso es mansedumbre.

Cristo dijo en Mateo 11:29, “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. ¿Significa eso que Jesús era débil, carente de emociones y flojo de carácter? ¡Imposible!, Jesús era el Hijo de Dios con potencia y la imagen misma de la gloria de Dios. De la misma manera, al decir que Moisés era manso, se está refiriendo a su paciencia y capacidad de sufrimiento para tolerar al rebelde Israel.

¿Cuántas veces tuvo Moisés la oportunidad de ensañarse contra el pueblo señalando duramente su pecado y rebelión? Sin embargo, intercedió por ellos, rogando a Dios que los perdonara cuando Dios estaba decidido a destruirlos y levantar una generación nueva, pero de esta manera mostraba Moisés la mansedumbre de su carácter.

¡Bienaventurados los mansos! nos dice Mateo 5:5. Pero, ¡ojo!, no confiemos en nosotras mismas, ni nos apoyemos en nuestra propia prudencia, porque hay una lección aquí que debemos aprender de la vida de Moisés. A pesar de que Moisés era el hombre más manso de toda la tierra, fue precisamente en el aspecto en que él era más fuerte de carácter con el cual pecó contra Dios. Al estar enojado contra el pueblo, Dios le dijo que le hablara a la roca para que brotara agua y Moisés, airado, es decir, violentando su carácter manso, golpeó la roca dos veces, razón por la cual Dios le impidió que entrara a la tierra prometida por la que tanto había luchado.

La lección es: A veces, en los aspectos en que nos sentimos más fuertes, son precisamente los aspectos en que le fallamos a Dios, para que entendamos que somos carne y polvo, y que toda nuestra fortaleza proviene únicamente de Dios y no de nosotras mismas.

Oración: Padre, ayúdanos a que así lo podamos entender. Gracias porque tú te perfeccionas en nuestra debilidad. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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