Canto de alegría

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Como testigos del amor de nuestro Salvador, esperamos su juicio y su gloria, y esto es suficiente para hacernos cantar de alegría.

¡Que se alegren sus fieles por su triunfo! ¡Que salten de alegría allí, en su lecho! ¡Que exalten a Dios a voz en cuello mientras agitan en sus manos las espadas! ¡Que se venguen de todas las naciones! ¡Que castiguen a todos los pueblos! – Salmo 149:5-7

Este salmo comienza con una nota alegre; es el tipo de salmo con el que estamos familiarizados, el que nos gusta recitar: “¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Alábenlo en la comunidad de los justos!” (Salmo 149:1). En él se invita a Israel a alegrarse en su Dios Creador, y nosotros con gusto nos unimos a su celebración. El nombre de Dios es alabado con baile y música porque: "El Señor se complace en su pueblo, y bendice a los humildes con su salvación” (Salmo 149: 4).

Dios nos ha adornado con salvación. En nuestro bautismo somos revestidos de Cristo, con la ropa brillante de su justicia. Tan buenas noticias no solo nos llevan a alabar a Dios durante el día, sino que también nos llevan hasta a cantar de alegría en nuestra cama por la noche porque nos sentimos seguros en su perdón y en su amor.

“¡Que exalten a Dios a voz en cuello!” Con esto también estamos alegremente de acuerdo. Pero de pronto el salmo da un giro algo inquietante. El pueblo exalta a Dios a voz en cuello "mientras agitan en sus manos las espadas". Esas espadas no son para defensa propia; son armas de juicio "para vengarse de las naciones ... para ejecutar en ellas la sentencia escrita" (Salmo 149:7-9).

Estas declaraciones vengativas son muy diferentes a las palabras del apóstol Pablo: "No busquemos vengarnos, amados míos. Mejor dejemos que actúe la ira de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor»" ( Romanos 12:19b). La venganza pertenece al Señor, y aunque no lo pensemos muy a menudo, la venganza del Día del Señor está cerca. Cuando Jesús nuestro Señor regrese en gloria en el día final, el mal que oscurece la buena creación de Dios finalmente será destruido, para siempre. Como nos dicen las Escrituras: “Porque es necesario que él (Cristo, nuestro Señor resucitado y ascendido) reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies, y el último enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:25-26).

En el día final, el gran día de la resurrección, todos los que confían en Cristo serán resucitados corporalmente de la muerte para vivir en la presencia de Dios para siempre. Todo el luto, el llanto y el dolor se acabarán y Dios limpiará cada lágrima de nuestros ojos.

Mientras tanto nos alegramos en el Señor, pues él "se complace en su pueblo". Tenemos en nuestras manos y en nuestro corazón la espada de dos filos que es la Palabra viva y activa de Dios. La usamos con el poder del Espíritu, llamando a las naciones al arrepentimiento y proclamando el perdón ganado con la muerte y resurrección de Jesús. Como testigos del amor de nuestro Salvador esperamos su juicio y su gloria. ¡Esto es suficiente para hacernos cantar de alegría antes de dormir: ven, Señor Jesús!

ORACIÓN: Señor Jesús, esperamos con alegría tu regreso. Hasta entonces, enséñanos a manejar bien la poderosa espada de tu Palabra y proclamar el arrepentimiento y el perdón en tu Nombre a todas las naciones. Ven Señor Jesús. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Recuerdas alguna vez en que hayas alabado a Dios aun cuando no hayas entendido la razón de lo que te estaba sucediendo?

2. Cuando compartes tu fe con otros, ¿qué aspectos de Dios mencionas?

Por: Dra. Carol Geisler

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