Cambio de rumbo

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El cambio nos permite desarrollarnos y avanzar en la dirección del cumplimiento del propósito de Dios en nuestra vida.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”, 1 Juan 3:2

¡Los cambios son duros y a menudo dolorosos! Sobre todo porque tienden a llegar de manera sorpresiva y cargados de incertidumbre, lo cual a su vez nos llenan de ansiedad, temor, duda y en ocasiones hasta vergüenza.

No obstante el cambio es inevitable y la esencia de la vida misma. Debemos estar dispuestas a entregar lo que somos por lo que podemos llegar a ser. Juan lo expresaba diciendo: “Ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que hemos de ser” (1 Juan 3:2). En este pensamiento va implícita la idea del cambio y las expectativas del mismo. Winston Churchill decía: “No hay nada malo en el cambio, si es en la dirección correcta”. 

El gozo en el tranvía de la vida no consiste en mantenernos estáticas, sino en transitar por las vías a menudo tormentosas del cambio para avanzar y crecer en la dirección que la voluntad de Dios nos ha trazado.

Es en medio de los cambios de rumbo inesperados donde, en lugar de sucumbir, debemos alzar nuestro rostro y clamar a Dios que nos: “Conceda la serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, el valor para cambiar las cosas que podemos cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia (Reinhold Niebuhr).

El cambio nos permite desarrollarnos y avanzar en la dirección del cumplimiento del propósito de Dios en nuestra vida. Entendiendo esto, Pablo se propuso “hacer una cosa: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Esto en ocasiones estuvo impregnado de tribulaciones y circunstancias adversas y desagradables, pero también de un gran peso de gloria (2 Corintios 4:17).

Amada, si hoy te encuentras en el tranvía de un cambio incierto, brusco e inadvertido, recuerda el ejemplo de Pablo y prosigue a la meta confirmando que vas en la dirección del supremo llamamiento de Dios para ti.  Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (Filipenses 3:15).

Oración: Amado Señor, no te niego que me brinda seguridad permanecer en mi zona de confort, pero sé que eso me impide estrecharme y crecer. Quizás he estado allí mucho tiempo y tú me estás impulsando hacia nuevos horizontes. Ayúdame a no enfocarme en las circunstancias del cambio sino en discernir tu voluntad y dejarme llevar por ella hasta la próxima parada. Eso sí… durante el viaje, dame la seguridad no solo de que tú vas en mi vagón, sino de que tú lo conduces. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

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