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Calmando los ánimos

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Sigue este consejo para evitar que, en solo un segundo, se arruine lo que has tratado de construir toda la vida.

“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor”, Proverbios 15:1

En toda estructura dinámica debe haber un subsistema de contrapeso que permita descompensar las fuerzas que puedan salirse fuera de control.

Este es un principio básico de la mecánica clásica, pues, de no ser así, todo el sistema en poco tiempo colapsaría. En un avión debe haber mecanismos aerodinámicos para contrarrestar el potente empuje del aire. Se nos advierte de ese contra balance necesario para poder vivir vidas familiares y matrimoniales más o menos exitosas.

A veces las pasiones hierven, se pierde el autocontrol y la temperancia, y la ira aflora permitiendo que lleguemos a un desborde donde se dicen cosas que, de no poner el freno a tiempo, sufriremos las consecuencias por el resto de nuestra existencia.

Un consejo sabio se encuentra en el texto de hoy: la blanda respuesta quita la ira. Desde que los primeros síntomas de iracundia y violencia verbal se dejen entrever por medio de la voz, en el rojo de los ojos o en las marcas de impaciencia e intolerancia, en vez de nosotras seguir con un conflicto inútil que a la larga hará más mal que bien - porque no habrá ganador ni perdedor - es mejor echar mano a la reflexión de hoy y con una suave y blanda respuesta calmar los ánimos exacerbados y dejar que las aguas vuelvan a su nivel anterior.

¡Cuántas relaciones se hubiesen salvado si se hubiese tenido en cuenta este principio! Cuántos matrimonios rescatados de la ruina; cuántos amigos reconciliados; cuántas parejas felices que nunca debieron separarse y todavía hoy estuvieran juntas. A veces, nuestro orgullo echa a perder en un solo segundo lo que por tanto tiempo hemos tratado de construir con esfuerzo y sacrificio.

Hay momentos en que no siempre podemos ganar; hay momentos en que tenemos que ceder; hay momentos en que es mejor perder lo menos por lo más; hay momentos en que tenemos que tragarnos la copa amarga de nuestro orgullo personal y, aunque tengamos razón, tendremos que renunciar a ella.

Evitemos toda discusión inútil. Cuando las cosas se pongan color de hormiga, recordemos que la “palabra áspera hace subir el furor”. No añadamos fuego al fuego. Es mejor esperar, tener paciencia y escoger otro momento más adecuado para expresar aquello que llevamos en el corazón sin necesidad de que la relación se deteriore hasta el punto de la separación, sólo porque uno de los dos, en su egoísmo, no quiso ceder.

Oración: Señor, permítenos llevarnos de este consejo sabio en este día para que podamos vivir vidas de plena satisfacción y agradarte a ti. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel 

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