Calidad de tiempo

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La mejor forma de enamorarte de Dios es conociéndole y eso se logra tomando el tiempo para leer su carta de amor.

“¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”, Salmos 119:97

La expresión del amor genuino se traduce en calidad de tiempo hacia aquellos que amamos. Por eso el novio no puede despegarse ni un instante de la novia, porque él la ama y quiere compartir con ella el mayor tiempo posible. No bien se ha despedido de ella, cuando a los 5 minutos ya la está llamando de nuevo. Él siente que no puede vivir sin ella y por eso es que deciden casarse para unir sus vidas para siempre.

Si amamos a Dios, entonces debemos cultivar una íntima comunión con Él y sacar tiempo para dedicárselo a su Palabra. No creo en un amor que no aparte un tiempo especial para estar con el ser que ama. El músico saca tiempo para ensayar su instrumento. El pintor dedica tiempo a sus pinceles. El escritor pasa tiempo con sus musas internas, etc.

Esa idea está expresada en el texto de hoy: ¡Cuánto amo tu ley! ¿Y cuál es la consecuencia lógica de amar tanto la Palabra de Dios? Todo el día es ella mi meditación. Lo que indica el texto es simple: Si amamos la ley de Dios, debemos dedicarle un tiempo especial al estudio profundo de ella. Nadie que no convierta la Biblia en su pasión puede decir que la ama; de la misma forma que una mujer no se siente amada por un hombre que no dedica tiempo para estar con ella.

¿Cuándo fue la última vez que estudiaste la Biblia con complacencia? ¿Cuándo fue la última vez que tu corazón ardió mientras tus ojos se paseaban por las páginas sagradas? ¿Recuerdas aún cuando la Palabra de Dios arrancaba de ti suspiros profundos y sinceros del alma? ¿O acaso produce el mismo efecto en ti el leer el periódico del día que leer la historia sagrada de los grandes hombres  y mujeres de la Biblia? ¿Eres capaz de recordar la última vez que hiciste un intento honesto de aprender de memoria un texto de la Palabra inspirada de Dios? “Examinaos a vosotros mismos y probaos si estáis en la fe”, 2 Corintios 13:5), aconseja el apóstol Pablo.

Si tus respuestas a las preguntas anteriores son negativas, creo que es tiempo de hacer un alto en el camino, meditar, preguntar por la senda antigua y enrumbar nuestros pasos por nuevos hacia la consagración, comunión y, de nuevo, empapar nuestros corazones con el agua fresca de la Palabra de Dios, la única que sacia la sed del alma. Amén.

Oración: Amado Padre Celestial, que en este año amemos más tu Palabra, que imitemos el ejemplo del salmista. Si te amamos debemos amar tu Palabra y obedecerla. Ayúdanos en el Santo nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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