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Caemos de rodillas en oración

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Más que las peticiones personales, reconocer la grandeza del Señor es lo que nos debe hacer caer a Sus pies.

“No hay semejante a ti oh Jehová; grande eres tú, y grande tu nombre en poderío.” – Jeremías 10:6

Ella llegó a casa de la escuela con una misión. La tenía escrita por toda su cara de niña de siete años a partir del momento en que asomó sus grandes ojos marrones a través de la ventana de la puerta principal, lo que indicaba su llegada.

Entró corriendo para coger su pequeña Biblia de color rosa y rápidamente se la metió bajo el brazo, luego con su mano libre agarró la mía y rápidamente me hizo pasar al sofá… estábamos casi sin aliento por la intensidad de sus movimientos.

“Mamá, la hermana de Kate le dijo que Dios no es poderoso. ¡Tenemos que hacer algo!”

Así  que corrimos a la Palabra de Dios juntas.

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Ha habido un montón de veces en mi vida en las que he dudado del poder de Dios.

Cuando he estado tan concentrada en mis propios deseos que me he olvidado de poner mi fe en Su plan soberano.

Cuando he estado tan atrapada en la tormenta que descuidé la mayor de las cosas que durará hasta la eternidad.

Cuando – en mi debilidad – dejé al mundo convencerme erróneamente de que Dios es menos de lo que Él dice que Él es.

Cuando he estado tan consumida y distraída, que me alejé de la comunión con Dios y Su Palabra.

__________________

Abrimos esa pequeña Biblia rosa y encontramos cuando Dios ordenó al mundo que existiera y cuando dividió el Mar Rojo. Hablamos de Su nombre que está por encima de todos los demás y sobre Sus promesas que han resistido la prueba del tiempo. Leemos sobre el bebé en el pesebre, los milagros, la cruz y la victoria de la tumba vacía… y Su gran poder que habita en nosotros.

¡Oh, cómo quería ella que su amiga conociera a este poderoso Dios!

Versículos sobre el poder de Dios fueron garabateados en pequeños trozos de papel, luego guardados cuidadosamente en el interior de esa pequeña Biblia rosa y metidos en la mochila rosa de una apasionada niña de primer grado.

Y en ese autobús durante los diez minutos de trayecto a la escuela, dos niñas comenzaron a leer la Palabra de Dios juntas.

“Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: que el poder pertenece a Dios …” – Salmo 62:11

Día tras día la pequeña Biblia color rosa fue abierta, y noche tras noche oramos a Dios para que se diera a conocer a través de Su Palabra en ese atestado autobús escolar amarillo. Y lo que comenzó como una búsqueda para llegar al corazón de otro se convirtió en Él orquestando una transformación en nosotras. La Palabra de Dios es así de poderosa.

Nuestras oraciones comenzaron a sonar diferente.

Cuanto más leíamos del poder de Dios, más audaces se hicieron nuestras oraciones. Oraciones cortas que consistían en peticiones concretas y plazos ideales, se convirtieron en oraciones más largas de acción de gracias y alabanza. Oraciones de auto-enfoque estaban ahora más enfocadas en exaltar a Dios.

Poca fe y palabras poco profundas fueron reemplazadas con intrépidas, expectantes peticiones ante el trono del Dios Todopoderoso. En vez de ser paralizadas por la duda y la incredulidad, nuestra confianza comenzó a descansar en este poder de Dios que habíamos leído y repasado una y otra vez en nuestras mentes. Nuestros corazones comenzaron a ablandarse a Su voluntad y Sus caminos, y esta confianza en Dios incluso se desbordaba a otras áreas de nuestras vidas.

“Nuestras oraciones deben surgir de la inmersión en la Escritura. El matrimonio entre la Biblia y la oración ancla nuestra vida en el verdadero Dios.” – Tim Keller

Nunca sabremos el resultado de la mitad de nuestras oraciones, pero tal vez el deseo de Dios para todas nosotras todo este tiempo era menos acerca de los resultados y más acerca de Él.

No hay semejante a ti, oh Jehová;

grande eres tú, y grande tu nombre en poderío.

¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones?

Porque a ti es debido el temor;

porque entre todos los sabios de las naciones

y en todos sus reinos,

no hay semejante a ti.”

– Jeremías 10: 6-7

Su mente estaba llena de Verdad.

Su confianza aumentó.

Y entonces su adoración se desbordó.

Así que más que servicio, más que una Resolución de Año Nuevo, incluso más que nuestro deseo de una vida de provisión o de facilidades… eres TÚ DIOS quién nos hace caer de rodillas en oración.

Te adoramos.

Te alabamos.

No hay nadie como Tú.

Para pensar: ¿Notas una correlación directa entre el tiempo que permaneces en la Palabra y la actitud de tu vida de oración?

Por Whitney Daugherty

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