Cómo ser jefa en mi trabajo y respetar mi diseño (Parte 2)

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La meta de una mujer en una posición de liderazgo no debe ser imitar a los líderes masculinos, sino a Cristo.

En la primera parte, vimos cómo Dios ha creado a la mujer como una ayuda idónea para el hombre y cómo Él puede usarlas en grandes maneras, como en los ejemplos de Débora y la mujer de Proverbios 31, cuando están obrando acorde a su diseño. Pero la pregunta ahora es: ¿Y nosotras?

Una de las maneras de glorificarle es reflejando el carácter de Cristo, tal y como nos instruye el apóstol Pablo en Colosenses 3:12: “revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia” en lo que hacemos.  

Como hay diferentes etapas en la vida y diferentes llamados, cada mujer necesita evaluar las necesidades del momento y buscar la voluntad de Dios para esta etapa, lo cual requerirá el estudio de la Palabra, la oración, la espera en el Señor y el consejo de líderes espirituales. Nuestro llamado es específico y exclusivo, lo que hace necesario buscar Su voluntad y ser obediente a este llamado.

Ejerciendo un liderazgo Bíblico

Entonces, si nuestro Dios nos ha colocado en una posición de liderazgo en nuestro trabajo, ¿cómo podemos liderar a hombres de una forma que glorifique a Dios con nuestro diseño de ayuda idónea?  

Lo primero que tenemos que recordar es que necesitamos hacer el trabajo de una forma diferente a como el mundo lo hace. Nuestra meta no es imitar a los líderes masculinos, sino imitar a Cristo con un liderazgo de servicio, pero con las características femeninas que Él nos ha dado.

Un error frecuente es trabajar con la misma actitud y disposición de muchos de los hombres (agresividad, siendo demandantes, adoptando su lenguaje) para ganar su respeto. Vivir tu diseño femenino, aún en tu posición de liderazgo, es contracultural. Y esto es importante, especialmente porque vivimos en una época no solamente donde los roles han sido borrados, sino que aún la distinción entre los sexos es considerada como algo “fluido”.

Hay formas de hablar con los hombres (no sensuales), donde estamos afirmando su masculinidad mientras dirigimos el trabajo. Es necesario que el hombre se sienta apreciado y fortalecido en su rol, y al mismo tiempo entender cuál es el trabajo requerido.

Ser humilde, recibir y reconocer sus ideas y sugerencias, enriquece el trabajo mientras ganamos un aliado. Cuando se requiera corrección, una posibilidad es ver si hay otro hombre en posición de autoridad que pueda hacer la corrección, y la otra es hacer la corrección en privado, durante las horas de trabajo, y de una forma correspondiente con nuestro diseño y el suyo, con respeto y empatía, recordando que “la lengua apacible es árbol de vida, mas la perversidad en ella quebranta el espíritu”, Proverbios 15:4.

El trabajo es más eficiente y exitoso cuando es hecho en equipo, y ya que como mujeres somos seres relacionales, podemos mantener un equipo trabajando eficientemente mientras estimulamos y nutrimos a los demás.

Todo esto requiere sabiduría, y la única fuente de esta sabiduría es Dios. Entonces, el estudio bíblico, la aplicación de lo aprendido y la oración, son vitales para tener una vida que represente a nuestro Dios.  

La autoevaluación bíblica es muy importante porque no hay modelos para seguir. Nuestro trabajo es un campo misionero para mostrarle al mundo cómo luce el carácter de Cristo. No olvidemos que de alguna manera lo representamos a Él. Haz esto con tus acciones, pero no olvides testificarles de la obra de Cristo, compartiendo las buenas nuevas de que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a pecadores.

Dios es soberano y las dificultades en las que nos encontramos deben ser vistas como oportunidades de brillar para Él. Debemos preservar nuestra actitud, nuestra forma de hablar y nuestras acciones porque realmente al servir a los hombres servimos a Cristo, como nos instruye Pablo al escribir a los Efesios: “servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (6:7).

Como servimos a un Dios perfecto, aunque nosotras no lo somos, nuestro trabajo debe ser hecho con excelencia y de manera humilde, incluyendo el pedir perdón cuando fallamos. La calidad de nuestro trabajo, incluyendo la dinámica en cómo nos relacionamos con los hombres, demuestra nuestro carácter. Un carácter probado por el Señor debe mostrar la madurez que necesitamos para honrar a Cristo en un mundo de tinieblas.

No eres jefa en el hogar

No quiero terminar sin mencionar un área donde las cristianas casadas en posiciones de liderazgo muchas veces fallan, y es seguir con el papel de “jefas” cuando llegan a la casa. El esposo es el líder del hogar (Efesios 5:22-24) y debemos someternos en todo lo que no sea pecaminoso. Cuando rehusamos a hacer esto, el hombre usualmente responde en dos diferentes formas: la pasividad, dejando toda la responsabilidad a su esposa, o con agresividad, contestando en forma áspera y/o contenciosa.

Dios es un Dios de orden y Él creó un mundo perfecto con un diseño perfecto. Por eso, cuando trabajamos como Él ha diseñado, nuestra vida es menos complicada y llena de gozo. La obediencia nos lleva a tener una relación más cercana con Él (Juan 14:21) y recordemos que Él es quien controla las circunstancias. Unas palabras finales para recordar: “Cuando los caminos del hombre son agradables al SEÑOR, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él”, Proverbios 16:7.

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