¿Cómo elegir a los líderes de mi país?

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Hoy más que nunca necesitamos que personas con valores y ética cristiana se involucren en la transformación política y social de los países. 

La historia la escriben las personas valientes, las que se atreven a servir a la comunidad con determinación y firmeza. No significa que sea fácil y muchas veces será una misión poco reconocida.

Sabemos que la actividad política, aunque es trascendental para el desarrollo y la justicia social de los pueblos, puede ser desgastante para quienes la asumen. Exponerse a la crítica excesiva ha hecho que muchas personas capaces y calificadas se aparten de esta noble causa. Pero no podemos olvidar que el destino de los pueblos está marcado por las decisiones que toman sus líderes.

Hoy más que nunca necesitamos que personas con valores y ética cristiana se involucren en la transformación política y social de los países. El destino de las familias, la libertad de expresión, la vida del niño que aún no ha nacido y la institución del matrimonio, se ven amenazados por ideologías contrarias a los valores y principios cristianos que han sido fundamento de la identidad de los pueblos latinoamericanos a través de la historia.

Si no despertamos a tiempo, un día podríamos lamentar el silencio que hicimos en el presente. Por esta razón, creo que debemos impulsar a la nueva generación a que se involucre con su comunidad en los puestos de elección popular y anhelen cargos de influencia y participación política, con el propósito de legislar y gobernar a favor de la estabilidad de la familia y de la protección del valor fundamental de la vida.

Tenemos ejemplos extraordinarios que nos inspiran, y uno de ellos es la vida de Martin Luther King Jr., quien un día tuvo un sueño y decidió conquistarlo con entrega, pasión, dedicación, constancia y la fuerza de las ideas. Inspirado en él me pregunto: ¿Cuál es el sueño que deseamos lograr? Y ¿cómo quisiéramos ser recordados?

Es la vida de Ester, de Moisés, Daniel, José, Nehemías y muchos personajes bíblicos más, las que nos inspiran a comprender que nacimos para influenciar el destino de nuestra generación. Ninguno de ellos se sentía capacitado, e incluso, vivían circunstancias difíciles, como amenazas de muerte, decepciones, adversidades y traiciones. Pero no abandonaron el barco hasta terminar lo que iniciaron y cumplir con el propósito al que fueron llamados. Tal y como lo indicó José a sus hermanos, fue Dios quien le llevó hasta Egipto para ayudar a su familia en el momento de necesidad. “… ―Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas.” (Génesis 45: 4-5, NVI).

Abraham fue llamado a dejar la tranquilidad de su casa paterna para iniciar un viaje que lo llevaría a poseer la tierra que heredaría su descendencia. Vivió como extranjero en la tierra que un día le pertenecería a los suyos. De él nació una gran Nación y en él son benditas las familias de la tierra.

No significa que sea una tarea fácil o que veremos resultados instantáneos. Para influenciar el destino de los pueblos, necesitamos determinación, valentía, educación, firmeza, fuerza, humildad, integridad y sentido de misión. Por esta razón, espero que se anime a ocupar su lugar y que juntos dejemos un legado de lucha por las causas más nobles y buenas, como lo es la defensa de la familia.

Todos nos enfrentamos a la tarea de elegir por medio del sufragio a nuestros gobernantes. Por esta razón, debemos conocer sus ideas, sus programas, sus vidas y a sus colaboradores. No podemos caer en la trampa de elegir influidos por campañas publicitarias que nos muestran sonrisas fingidas y saludos que solo pretenden nuestro voto. Debemos analizar lo que los candidatos han hecho, cómo lo han hecho y cuáles son sus propuestas.

Tristemente muchos de nuestros gobernantes han caído en la seducción de las corrientes que han tratado de legitimar ideas contrarias a la ética y los valores que han sostenido a América Latina, impulsando una educación sexual centrada en el placer y no en la construcción de un proyecto de vida saludable. Muchos legisladores han deshumanizado al niño que aún no ha nacido y pretenden legalizar el aborto.

No podemos ver la política como un juego, porque no lo es; las personas que elegimos para que gobiernen determinan el destino de la Nación que estamos heredando a nuestros hijos y nietos. Por eso, piense bien antes de emitir su voto, y elija a personas que públicamente han asumido el compromiso de ayudar al necesitado, procurar nuevas fuentes de trabajo, luchar en contra de la corrupción, proteger la vida del niño desde el momento de la concepción y fortalecer a la familia, que es la base de la sociedad.

Elijamos a personas que también se comprometan a respetar los valores expuestos en la Constitución Política, como por ejemplo: proteger la institución del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.

No es fácil gobernar un país, pero si todos aportamos lo mejor que tenemos, y trabajamos con integridad, iniciativa, ingenio y creatividad, seremos capaces de heredar un gran país a las nuevas generaciones.

Dios nos guíe en la elección de las personas que dirigirán el destino de nuestros pueblos.

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