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Cómo debemos relacionarnos con nuestros padres

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Dios espera que honremos a nuestros padres independientemente de la vida que puedan llevar.

Cuando pensamos en la manera en que debemos tratar a nuestros padres, nos viene a la mente este mandamiento:

“Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios” (Éxodo 20: 12).

Algunos sinónimos de la palabra “honrar” son: Respetar, apreciar, premiar, ensalzar, condecorar, favorecer, enaltecer, ennoblecer, engrandecer, distinguir, galardonar. Fíjate que estas acciones también se aplicarían a la forma en que Dios demanda que lo tratemos a Él, puesto que es nuestro Padre Celestial. Por lo tanto, en esto de interponer límites entre las relaciones con nuestros semejantes Dios se cuida de hacernos entender que ha colocado a nuestros padres en una línea de autoridad superior.

En otro pasaje el Apóstol Pablo nos reitera lo mismo, pero esta vez complementando el mandamiento con otra acción: La obediencia. Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa—  para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra” (Efesios 6: 1-3).

En este verso el Apóstol aclara que la obediencia ha de ocurrir cuando estas instrucciones concuerden con la Palabra de Dios. Pensemos si es justo que Dios espere que obedezcamos las órdenes de padres borrachos, drogadictos, delincuentes o madres dedicadas a la prostitución.

Aun cuando en otro verso manda el mismo Apóstol a “obedecer a nuestros padres en todo…”, (Colosenses 3: 20) siempre debemos considerar que la obediencia a Cristo siempre tendrá la primacía. Son muchos los casos en los que hijos ya creyentes han tenido que abandonar el hogar por vivir bajo una autoridad paternal que no va de acuerdo con principios cristianos. Desafortunadamente en la sociedad que nos ha tocado vivir, esto es ya cada vez más común. También quisiera aclararte que el hecho de no obedecer bajo estas condiciones no nos da el permiso de deshonrar o desacreditar a nuestros padres.

Para nuestra propia salud emocional y espiritual, es sumamente importante en estos casos que tracemos una clara línea divisoria, sin dejar de reconocer que estamos lidiando con los seres que Dios ha elegido para darnos la vida. Un ejemplo claro lo vemos en la vida de Jonatán, hijo del Rey Saúl, narrada en los Capítulos de 1 Samuel 20 en adelante. Jonatán conocía muy bien las malvadas intenciones de su padre hacia su íntimo amigo, el rey David, el Ungido de Dios. A pesar de esto, fue fiel a su amigo y a la misma vez se mantuvo todo el tiempo al lado de su padre, junto con quien terminó muriendo en el campo de batalla.

Amados, Dios espera que honremos a nuestros padres independientemente de la vida desenfrenada que puedan llevar. Él espera que siempre y cuando esté en nuestras manos, les ofrezcamos nuestra asistencia cuando nos necesiten, sin sacrificar a la vez nuestra posición de obediencia a Dios.

Mostremos amor a nuestro Padre Celestial por medio de amar y respetar a nuestros progenitores. Él nos ha prometido una recompensa por eso.

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