Buscando a Dios a través de la comunidad

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Al comprometernos con otros creyentes nos convertimos en testigos ante el mundo de lo que sucede cuando Dios obra en los corazones de los que comparten el mismo espíritu.

Pasaje Bíblico: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca”. Hebreos 10:24-25

No fuimos creados para vivir esta vida sin tener relación con los demás hijos de Dios. Sin nuestros hermanos y hermanas nunca experimentaremos la plenitud de la vida que Dios desea para nosotros. En la comunidad descubrimos nuestro lugar en el cuerpo de Cristo. En la comunidad aprendemos qué es servir por amor, honor y respeto. Y en la comunidad recibimos la sanación y el amor que solo pueden obtener aquellos que comparten el mismo Espíritu.

Hechos 2:42-47 dice:

“Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos”.

Hechos 2 describe la comunidad que mi alma anhela. Fuimos hechos para tener una comunión honesta y vulnerable. Fuimos creados para ayudarnos unos a otros, comer juntos, adorar a nuestro Dios y amar a los demás. Al comprometernos con otros creyentes nos convertimos en testigos ante el mundo de lo que sucede cuando Dios obra en los corazones de sus hijos. Declaramos a través de nuestro amor mutuo la vida y la alegría que derivan de la relación con nuestro Padre celestial.

La Biblia es clara en que la verdadera comunidad requiere sacrificio y vulnerabilidad. 1 Corintios 12:25-26 dice: “A fin de que no haya división en el cuerpo, sino que sus miembros se preocupen por igual unos por otros. Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y, si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él”. El deseo de Dios es que todos sus hijos se humillen y vivan como un solo cuerpo. Cuando una parte de un cuerpo físico duele, el resto del cuerpo siente el dolor y trabaja en conjunto para sanarla. Dios desea que ocurra lo mismo entre el cuerpo espiritual de los creyentes. Él desea llenarnos con su amor y usarnos para curarnos unos a otros. Él anhela guiarnos a un estilo de vida de humildad y sacrificio para ser sus manos y pies los unos con los otros.

Se necesita recibir el amor de Dios para poder dar amor. Se requiere de una obra del Espíritu para llenarnos de valentía para ser vulnerables con nuestra comunidad para poder recibir y dar el amor que hemos recibido en Cristo. Entonces, ¿serás hoy un hijo lleno del amor de tu Padre? ¿Permitirás que Dios te use para ayudar a un hermano o hermana? ¿Elegirás el propósito y la alegría que viene de vivir sacrificialmente y con vulnerabilidad? Si es así, descubrirás una satisfacción que solo se encuentra en la edificación que proviene de los creyentes que se aman unos a otros. Que encuentres el compañerismo que anhela tu corazón, al amar con valentía a tus hermanos y hermanas.

Guía de Oración:

1. Medita sobre la importancia de la comunidad. Permite que la Biblia te llenen del deseo de amar y ser amado por tu comunidad.

“Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor;
uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!”.
Eclesiastés 4:9-12

“El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre”. Proverbios 27:17

“Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos”. Hechos 2:42-47

2. Reflexiona sobre tu necesidad de una comunidad. ¿En qué áreas necesitas la sanación que viene de la relación con los demás? ¿Qué personas ha puesto Dios en tu vida? ¿Cómo puedes, con humildad, pedirles ayuda?

3. Tómate un tiempo y ora para que en tu vida haya más de esa comunidad llena de Dios. ¿Cómo quiere usarte Dios para ayudar a otra persona hoy? ¿Cómo puedes guiar a otros a ser valientemente vulnerables? Si no tienes este tipo de comunidad con la cual compartir tu vida, pídesela a Dios.

“¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y, si ha pecado, su pecado se le perdonará. La oración del justo es poderosa y eficaz … Hermanos míos, si alguno de ustedes se extravía de la verdad, y otro lo hace volver a ella, recuerden que quien hace volver a un pecador de su extravío lo salvará de la muerte y cubrirá muchísimos pecados”. Santiago 5:13-16, 19-20

Dios no nos pide que esperemos a que otros salgan y vivan de acuerdo con su Espíritu: él nos llama primero a nosotros. Su voluntad para nosotros no depende de la obediencia de los demás. Dios te está llamando a un estilo de vida de servicio alegre, de sacrificio y amor, independientemente de las iniciativas o respuestas de otros. Él anhela llenarte con el coraje de amar bien a los demás y ayudarlos a atravesar su quebrantamiento para llegar a un lugar de honestidad y vulnerabilidad. Que seas las manos y los pies amorosos de Jesús para tus hermanos y hermanas que tan desesperadamente necesitan un toque de Dios.

Lectura Complementaria: Filipenses 2

Por Craig Denison

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