Bien atesorados

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Hay miles de personas que tienen un conocimiento “intelectual” de la Palabra sin que ésta llegue a tocar sus corazones, ¿y tú?

“En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti”, Salmos 19:8

No es sólo en la mente que Dios quiere que guardemos Su Palabra, sino más bien en el corazón; ese es el lugar por excelencia para guardar los dichos del Señor. Hay miles de personas que tienen un conocimiento “intelectual” de la Palabra sin que ésta llegue a tocar o transformar sus corazones, porque ellos la almacenan en sus mentes como un simple dato cultural, sin permitir que la Palabra de Dios realice su obra espiritual de regeneración en sus vidas. 

En el texto de hoy el salmista David nos enseña al menos tres cosas importantes:

En primer lugar, el corazón debe ser el recipiente primario para la recepción de la Palabra. Siendo el corazón el centro de nuestros afectos y emociones, y la fuente de donde mana la vida, él debe estar permeado, saturado y lleno de la revelación divina. A menos que la Palabra de Dios halle esa receptividad incondicional en nuestros corazones, nunca seremos transformadas por la misma; y aunque nuestros labios proclamen la verdad de Dios, nuestros corazones estarán vacíos de toda vida espiritual.

En segundo lugar, debe haber un deseo profundo de empaparnos de esa Palabra. Lo que el texto traduce como “guardado” en realidad es una palabra hebrea que debe ser traducida como “atesorado”. Debemos atesorar la Palabra de Dios como una joya de infinito valor; de hecho, no hay nada sobre esta tierra más valioso que la revelación de la voluntad de Dios a través de las Escrituras. Ella es luz, tesoro, orientación, lámpara, alimento, medicina, vida y salvación; por eso Moisés le dijo a Israel en Deuteronomio 32:47 “Porque esto que yo os he hablado hoy, no es cosa vana, es vuestra vida”.

En tercer lugar, sólo la Palabra de Dios aplicada al corazón es una retranca contra el pecado. Si hay algo que nos garantiza la victoria sobre el pecado, la maldad, los vicios, la droga, la fornicación, la homosexualidad y contra toda acción pecaminosa, es la Palabra de Dios actuando en el corazón. Guardar los dichos de Dios en el corazón es el único remedio eficaz contra el pecado. Todo lo demás resultará vano e inútil en nuestra lucha contra él, pues sólo la Palabra de Dios es el antídoto efectivo contra el aguijón del pecado en nuestras vidas.

Cristo venció a Satanás en el monte de la tentación, porque había atesorado los dichos de Dios en Su corazón para no pecar contra Él. “Escrito está…” fue la clave de Su victoria espiritual contra Satanás, contra el pecado y contra el mundo.

Oración: Padre, que tu Palabra, lo que “escrito está”, sea mi sostén, mi guarda, mi brújula y mi pan de vida. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel 

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