Bendiciones de la escasez

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Dios torna la pobreza y debilidad en una oportunidad para ver Su gloria y cuidado providencial.

“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”, Mateo 6:26

Estados Unidos de Norteamérica sobreabunda en riqueza material mientras vive sumergida en una alarmante pobreza espiritual. La población es indiferente y tiene un espíritu de autosuficiencia y arrogancia. Nadie los saca de su zona de confort y la vida espiritual de la inmensa mayoría es tibia.

América Latina, en cambio, goza de grandes bendiciones… aunque vive sumida en la escasez y la pobreza material, sobreabunda en riqueza espiritual. La población es cálida, hospitalaria, se quita el bocado de la boca para compartirlo con otros y vive en total dependencia de Dios.

No obstante, el enemigo de nuestras almas, valiéndose de las cosas que aquejan nuestros sentidos por la carencia material, nos distrae por medio de ellas llevándonos a dudar de la fidelidad de Dios. Mas Dios muestra Su amor para con nosotras perfeccionando Su poder en nuestra debilidad. Nuestro Padre Amante torna la pobreza y debilidad en una oportunidad que nos permite ver diariamente Su gloria y cuidado providencial.

Amadas, no importa si no alcanzamos el sonado sueño americano si nos hemos asido por la fe de la promesa de que aquellas “cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios tiene preparadas para los que le aman” (1 Corintios 2:9). “Más Allá del Sol”, en el mejor de los lugares… nuestra patria celestial, no tendremos más necesidad de las cosas que a menudo aquí nos estorban y aquejan.

Oración: Bendito Padre Celestial, gracias porque tú suples toda nuestra necesidad. No permitas que dudemos de ti ni que nuestro corazón desfallezca. Ayúdanos a enfocar nuestra atención en tus promesas y nuestros sentidos en las cosas que tienen valor eterno. Sé que si tú cuidas de las aves, cuidarás también de mí. En el nombre de Jesús, amén.

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