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Ayuda para la lucha

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¿Cómo te está yendo en la batalla contra el pecado? Recuerda que tienes a tu lado a aquél que la gana por ti.

Digo, pues: Vivan según el Espíritu, y no satisfagan los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne se opone al Espíritu, y el del Espíritu se opone a la carne; y éstos se oponen entre sí para que ustedes no hagan lo que quisieran hacer. – Gálatas 5:16-17

El apóstol Pablo tuvo mucho para decir por escrito a las iglesias en Galacia. Conocía los escollos de la naturaleza pecaminosa y sabía cuán intoxicante y tortuoso puede ser el mundo. Hoy en día es imperativo que recordemos lo mismo, porque la cantidad y variedad de desviaciones impías, placeres seductores y tonterías falsas solo se han multiplicado desde la época de Pablo.

Entonces, ¿qué significa vivir “según el Espíritu” para que "no satisfagan los deseos de la carne"? Para Pablo vivir por el Espíritu y negar la carne era una ocupación de tiempo completo. En muchas de sus cartas explica la lucha de por vida que se desarrolla en la vida de los creyentes que viven en este mundo, pero se niegan a ser parte de él. Vivir según el Espíritu es parte de nuestra obediencia activa a Dios. En la búsqueda diaria de la justicia, nuestros deseos quedan sin ser gratificados y, por la gracia de Dios, son superados a medida que el Espíritu Santo nos va transformando en sus nuevas creaciones.

Lamentablemente, nuestra naturaleza pecaminosa no se va a rendir sin luchar. Y esa naturaleza no solo es pasivamente corrupta y propensa al mal, sino que también se opone activamente al Espíritu Santo de Dios. Pero, gracias a Dios, esta batalla no es unilateral pues el Espíritu Santo se opone a nuestra naturaleza pecaminosa. Pablo estaba muy familiarizado con esta lucha, pues lo vivía incesantemente dentro de él.

Entonces, aunque quiero hacer el bien, descubro esta ley: que el mal está en mí. Porque, según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero encuentro que hay otra ley en mis miembros, la cual se rebela contra la ley de mi mente y me tiene cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros" (Romanos 7:21-23).

Ahora bien, si el Espíritu de Dios está en desacuerdo con nuestra naturaleza pecaminosa, ¿qué tan inclinada al mal puede ser esa naturaleza? Afortunadamente, Pablo tuvo una respuesta a esta pregunta. “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Doy gracias a Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 7:24-25a).

¿Cómo está yendo la batalla contra el pecado en tu vida? ¿Estás perdiendo tu determinación de luchar en contra de esas cosas que te persiguen y te arrastran? ¿Eres capaz de dejar de lado tus respuestas habituales a la frustración y la tentación (enojo, ira, echar la culpa a otros) para dedicar tiempo suficiente a hablar con Dios sobre eso? Dios te está esperando. Para eso nos dio su Espíritu Santo: para ayudarnos a resistir al diablo y a la carne y para triunfar sobre ellos a través de la victoria que tenemos en Jesucristo.

Tú también puedes vivir según el Espíritu. Solo necesitas pedir la ayuda de Dios. "Tú, Señor, estás cerca de quienes te invocan, de quienes te invocan con sinceridad" (Salmo 145:18).

ORACIÓN: Padre celestial, guíanos por tu Espíritu Santo, presérvanos del mal y guíanos en el camino a la vida eterna. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Cuál es el deseo más persistente de la carne con el que tienes que lidiar?

2. ¿De qué manera se expresa en tu vida el “vivir según el Espíritu”? ¿Será que los demás lo pueden ver?

Por: Paul Schreiber

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