;

Ayuda en la lucha

Description

Nuestro entrenamiento físico puede funcionar contra oponentes de carne y hueso, pero jamás contra el diablo quien constantemente quiere noquearnos.

Levanten, pues, las manos caídas y las rodillas entumecidas; enderecen las sendas por donde van, para que no se desvíen los cojos, sino que sean sanados. – Hebreos 12:12-13

Un boxeador se sienta en la esquina del ring, codos apoyados en las cuerdas, manos enguantadas colgando caídas. La sangre le gotea por la esquina de la boca y un brillo de color frambuesa comienza a hinchar su ojo derecho. La habitación es oscura, húmeda de sudor y llena de humo.

Después de sufrir una lluvia de golpes de un oponente que pensó que podía aguantar, casi agotado se pregunta cuánto más va a poder soportar. Le duelen las costillas, le zumban los oídos y la lengua encuentra un hueco donde solía tener un diente. No contaba con esto. ¡Ring! Segunda vuelta.

¿No es así a veces con nosotros? Nos enfrentamos a oponentes que creemos que podemos "aguantar" y, en nuestros mejores días, tal vez incluso derrotar. Un poco de preparación antes de la pelea y nos sentimos bastante bien. Esquivamos algunos golpes, desviamos otros y nos enorgullecemos de nuestros reflejos felinos. Estamos listos, nos decimos. "¡Ajustarse los guantes y manos a la obra!"

¡Gran error! Al igual que el boxeador, es posible que encontremos más de lo que esperábamos. Nuestro entrenamiento físico puede funcionar contra oponentes de carne y hueso, pero jamás vamos a igualar a aquél que no solo quiere noquearnos, sino que quiere ponernos seis pies bajo tierra.

El escritor del libro a los Hebreos conoce bien las batallas que enfrentamos, y a Aquél que las enfrentó antes que nosotros. Es por eso que dice: "consideren a aquel que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, para que no se cansen ni se desanimen" (Hebreos 12:3).

Cuando nos golpean de izquierda a derecha, Jesús está presente (ver Salmo 46:1). Él nos escucha cuando llamamos (1 Juan 5:14-15), y nos ayuda en nuestras necesidades. Cuando nuestras rodillas estén débiles y se agote nuestra fuerza, Dios nos revivirá. Él avivará nuestros corazones contra los enemigos que enfrentamos, asumiendo nuestra lucha y dándonos la victoria. “Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida; Me defenderás de la ira de mis enemigos, y con tu diestra me levantarás victorioso (Salmo 138:7).

¡Qué amigo nos es Cristo! Él recibió los golpes que merecíamos y nos levantó cuando estábamos derribados.

ORACIÓN: Padre celestial, luchamos con nuestra carne y el enemigo. Enséñanos a volver a tu Palabra todos los días y encontrar allí la fuerza y el coraje que necesitamos para la vida. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Qué haces cuando tu vida se sale de control?

2. ¿Cuáles son tus versos favoritos de las Escrituras para encontrar fuerza para la vida?

Por: Paul Schreiber

Please register for a free account to view this content

We hope you have enjoyed the 10 discipleship resources you have read in the last 30 days.
You have exceeded your 10 piece content limit.
Create a free account today to keep fueling your spiritual journey!

Already a member? Login to iDisciple

Related
La paz de Cristo
Dr. Charles Stanley
Profecías Bíblicas: No son sólo una coincidencia
Pastor Rick Warren
El penetrante poder de la Palabra
John Piper
¿Aprecia la Palabra de Dios?
Bayless Conley
Viendo a Dios como nuestro Padre
Primeros15
Follow Us

Want to access more exclusive iDisciple content?

Upgrade to a Giving Membership today!

Already a member? Login to iDisciple