Arraigados

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No podemos producir el fruto al que estamos destinados si antes no nos plantamos, afirmamos nuestras raíces y desarrollamos permanencia.

“Entonces les contó esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en ella, no encontró nada. Así que le dijo al viñador: "Mira, ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno? (¿para qué inutiliza también la tierra?) Señor —le contestó el viñador—, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en adelante dé fruto; si no, córtela”. – Lucas 13:6-9 NTV

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía... Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada”. – Juan 15:1-2,5 NVI


Después de escuchar el devocional, medita en los siguientes puntos:

 

Esta mañana me levanté pensando...

… en que según Lucas 13 el labrador tenía plantada una higuera en medio de un cultivo de uvas.

1. En esta historia resaltan dos palabras que nos ayudan a comprenderla mejor: plantados y recompensa. Esta última es resultado de la primera. Para recoger fruto es necesario que estemos plantados, que las raíces hayan sido echadas.

2. Plantar tiene que ver con sembrar una planta en un terreno, esperando que se arraigue, que se establezca con firmeza de manera permanente en esa tierra. Sin duda alguna, no puedes esperar un resultado positivo de aquello que no tenga raíces y haya desarrollado permanencia.

3. El dueño del cultivo esperó durante 3 años que la higuera produjera su cosecha; realmente este hombre sabía que a menos de que esta higuera se plantara y se arraigara, no daría fruto. Jamás podremos producir un verdadero fruto, ni obtener una recompensa, si no nos plantamos en algo sin que nadie nos distraiga.

4. Podemos estar arraigados a buenos o malos hábitos. Solo tendríamos que revisar un poco, y si hemos echado raíces en costumbres que no convienen, la poda es el proceso exacto para eliminarlos, arrancarlos.

5. El proceso de poda se complementa con el de abono. La poda elimina lo que te detiene y el abono te ayuda a que produzcas fruto y reactivarte para que tu cosecha refleje tu naturaleza interior. Quizás en estos días la operación de Dios, su trabajo sobre tu vida, es que está cavando a tu alrededor para echar abono. Después de la poda, si permaneces arraigados, el resultado será la recompensa.

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