Aquel varón

Description

La gracia de Dios, por medio de Jesús, nos protege y da descanso en medio de las peores tormentas.

“Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de agua en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa”, Isaías 32:2

En el transcurso de nuestras vidas, huracanes misteriosos se producen, no sólo por fuera sino en nuestro interior, causando tremendas confusiones a nuestra mente. El turbión de las pruebas y aflicciones desata furiosas tormentas que nos atemorizan. Los ataques de enemigos humanos que calumnian, amenazan y rugen contra nosotros, convierten nuestros días en una tierra reseca por la inquietud. Grandes pruebas por pérdidas temporales, disgustos y otras aflicciones son como un calor abrasador para el que se necesita urgentemente una sombra.

A todo esto acude la gracia de Dios en las palabras del versículo, hablándonos de "Aquél varón". No puede ser otro más que Jesús. Dios lo introduce en nuestras vidas para operar protección y darnos descanso. Observemos el versículo:

Le llama varón, de modo que, como hombre, nos muestra compasión y simpatía en medio de las pruebas.

Él será escondedero contra el viento. Su mano de gracia se sitúa entre nosotros y el temporal desatado en nuestras vidas. De este modo frena el ímpetu del viento que nos azota y que con su fuerza puede derribarnos. Es posible que la barca de nuestra vida se vea zarandeada por el mar tempestuoso y esté anegándose, a punto de zozobrar. En esta situación podemos decir como los apóstoles: Señor, sálvanos que perecemos, y así oír Su voz omnipotente que manda al viento callar y al mar guardar silencio, haciendo grande bonanza.

Será también refugio contra el turbión. Se trata de una multitud de cosas que vienen juntas de forma violenta, que lastiman y llenan de tristeza el alma. Cuando no hay recurso en nuestras fuerzas para hacerle frente, cuando estamos exhaustos y extenuados, cuando no vemos ninguna salida a la situación que nos golpea, Jesús nos invita a refugiarnos en Él. El que se llama aquí varón, es también Dios, que está en el control de cada situación. Entregados en sus brazos encontraremos refugio firme contra el turbión.

En otras ocasiones nuestro camino discurrirá por un desierto, donde el sol abrasa y el agua nos falta. Es el terreno de los ataques del enemigo, de las afrentas de los hombres, de las traiciones de los más íntimos. ¿Qué hacer cuanto la sed consume el alma y sentimos que no podemos dar un paso más? Ahí, a nuestro lado, aquel varón que es agua viva, roca abierta para nosotros, nos dice: "El que tenga sed, venga a mí y beba".

Es también posible que estemos pasando por grandes pruebas, por pérdidas irreparables. Quizás la prueba intensa de una enfermedad incurable. El corazón fatigado necesita un lugar de descanso. Ahí, próximo a nosotros, el varón se levanta como la sombra de un gran peñasco, invitándonos a un momento de reposo. La sombra admirable de la gracia provee para nosotros de un lugar tranquilo, mientras sentimos la mano amorosa del varón que nos dice: No temas, yo estoy contigo.

Oración: Señor, ayúdame a entender que no debo seguir angustiado, caminando en soledad o buscando un lugar de descanso; tan sólo debo acudir a Jesús y descansar plenamente en Él. En su bendito nombre, amén.

Por Samuel Pérez Millos

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