Aprendiendo de Moisés

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Ante la falta de buenos modelos de liderazgo por las que hoy padece la sociedad en general, qué mejor que ver el ejemplo de uno de los mejores líderes levantados por Dios.

Una de las crisis más grandes que enfrenta nuestra sociedad es la falta de liderazgo. Esto es, de líderes piadosos con un fuerte apego escritural, integridad, visión y pasión.

Por largo tiempo ha existido la discusión sobre si el líder nace o se hace. Mas basada en el ejemplo bíblico de Moisés –entre otros que pudiéramos mencionar– podemos concluir sin lugar a dudas que Dios levanta a hombres y mujeres a quien él equipa para la obra que ha dispuesto delante de ellos. Los mismos son moldeados a través de luchas y pruebas, victorias y triunfos.

El proceso envuelto en la hechura de un líder lo encontramos ejemplificado en la vida de Moisés, quien de un hijo adoptivo y tartamudo (Éxodo 2:10, 4:10), pasa a ser el hombre de mayor influencia en el pueblo de Israel (Deuteronomio 34:10). Comisionado con una encomienda mas allá de lo comprensible e imaginable, y enfrentado con grandes retos internos y externos, Moisés es llevado del carrizal en un río al palacio de Faraón (Éxodo 2:1-10). Y de gozar grandes privilegios como hijo de la hija de Faraón a experimentar grandes vicisitudes como pastor de las ovejas de Jetro, su suegro, en los campos de Madián (Éxodo 2:15).

Es allí en el lugar más bajo mientras pastorea las ovejas de su suegro, donde tiene un encuentro personal con Dios en la zarza del monte Horeb (Éxodo 3:1-2), y donde es comisionado por él para guiar a su pueblo a tierras de libertad (Éxodo 3:6-12). Más adelante, en su travesía por el desierto Moisés es llevado al Monte Sinaí donde recibe las tablas de la ley (Éxodo 31:18), para luego morir en Moab frente a la entrada de la tierra prometida (Deuteronomio 32:49-50, 52).

A través de toda esta trayectoria, Dios estaba trabajando por partida doble en la vida del pueblo de Israel así como en el carácter de su líder, de quien quedaría registrado que por su desobediencia se le impidió entrar a Canaán (Deuteronomio 32:51-52). No obstante, la muerte de este gran siervo descrita en Deuteronomio 34:7-12 testifica acerca de la singularidad de su liderazgo, a la vez que nos deja grandes enseñanzas.

- Nadie jamás hizo todas las señales y prodigios, ni exhibió el gran poder y los grandiosos y terribles hechos que hizo Moisés a la vista de Faraón, Egipto y todo Israel (Deuteronomio 34:11-12)

- Moisés gozó de una intimidad profunda con Dios (Éxodo 33:11a).

- Dios honró a Moisés de manera tal que nunca más se levantó profeta como él en Israel ni quien le haya conocido cara a cara (Deuteronomio 34:10).

- Moisés nunca perdió su vigor ni sus ojos se oscurecieron (Deuteronomio 34:7).

- Moisés impactó la vida de los hijos de Israel quienes, enlutados, lloraron profusamente a su líder (Deuteronomio 34:8).

- Entendiendo la importancia y necesidad de la continuidad en el liderazgo, Moisés preparó y traspasó su legado a Josué. Él fue un modelo y mentor singular para quien Dios había determinado dejar al frente de Israel (Deuteronomio 31:14, 34:9).

- Israel respetó mediante la obediencia al líder que por mandato de Dios Moisés designó como su sucesor (Deuteronomio 34:9).

- Las experiencias de Josué junto a Moisés lo llenaron del espíritu de sabiduría, esencial para ejercer cualquier liderazgo (Deuteronomio 34:9a).

- Israel no quedó a la deriva sin Dios ni sin líder humano a la muerte de Moisés (Deuteronomio 31:1-3, 34:9)

- Israel gozó de la presencia, grandes experiencias y una profunda conciencia de Dios en su derredor (Deuteronomio 29:2-3).

- Moisés cumplió su llamado y terminó su obra (Deuteronomio 34:4-5).

- Este gran siervo siempre apuntó y elevó la mirada y el corazón de su gente hacia Jehová, de manera que su dependencia y esperanza estuvieran siempre en Dios. “Y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy” (Deuteronomio 34:6). ¡Aleluya!

Ciertamente Moisés influenció e inspiró la vida de generaciones. Una de las cosas elementales pero fundamentales que hizo fue compartir su vida, su conocimiento y su pasión con el pueblo de Dios, y de manera muy especial con hombres capaces de dar continuidad a la obra y encomienda dada por el Señor. Él es el mejor ejemplo de un líder que se hace en la zarza de la íntima comunión con Dios, en la práctica del pastoreo de ovejas difíciles, y bajo la escuela del sufrimiento y la obediencia del desierto.

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