Aprendiendo a compartir (Parte 2)

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Hay ciertos principios que la misma Biblia nos muestra para que demos el diezmo y las ofrendas con la intención y espíritu correcto.

Existen varios principios que creo son importantes para tener en cuenta al momento de dar y me gustaría compartirlos contigo:

1. El cristiano da, primordialmente, para honrar a Dios.

La costumbre de dar a Dios y a Sus sacerdotes viene desde épocas antiquísimas. En el caso del judaísmo y del cristianismo, por lo menos desde la época del famoso Abraham y Melquisedec, hace unos 4.000 años atrás (Génesis 14:17-20).

Es interesante notar que el “diezmo” (dar la décima parte de algo) precede a la Ley Mosaica. El diezmo, entonces, es adoptado por el cristianismo bajo la “época de la gracia” porque no se instauró con el fin de salvar al hombre, sino porque muestra, básicamente, una actitud del corazón. 

El famoso Rey Salomón dice en uno de sus proverbios: “Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas” (Proverbios 3:9). Notemos que la primera palabra (un verbo imperativo, una orden), es la palabra “honra”.

Entonces, el motivo principal del cristiano para traer dinero a la iglesia es una actitud interior: humillarse internamente (al reconocer que de Dios nos vienen todas las cosas) y reconocerle a Él como el dueño de todas sus posesiones.

2. El cristiano da sin esperar nada a cambio.

Está en el mismo espíritu del dar, el dar por amor, no por interés. San Pablo explica esta actitud cuando les escribe a los romanos y a los corintios (Romanos 11:34-36, 1 Corintios 13). El cristiano da a Dios como un hijo da un regalo a su padre. 

Aquí va una pregunta interesante: Como padres, cuando nuestros hijos nos dan abrazos y besos, ¿cómo queremos que nos lo den?… ¿Por amor, o porque quieren “sacarle algo al viejo”?  Seguramente que queremos que sea por amor.

La idea de un hijo que se acerca a su padre porque quiere sacarle algo no es muy positiva. Lo que yo me pregunto es: ¿Por qué le estamos enseñando a hacer justamente eso a nuestra gente? ¿Por qué escuchamos a tantos predicadores televisivos y radiales enseñarles a los cristianos a que le den su ofrenda a Dios para que Dios les dé a ellos 10 veces más?

En mi humilde opinión, nosotros deberíamos estar enseñando a nuestra gente a dar por amor, no por interés. Cuando yo le enseño a alguien a dar por interés, recibo buenos resultados inmediatos. La razón, es que comienzo a mover una parte oscura del espíritu humano: la codicia.

El problema es que esa enseñanza se convierte en un boomerang: vuelve para golpearnos.  Cuando la gente que da 100 dólares no recibe 10 veces más en retorno, entonces comienzan a dudar. A ello, los predicadores del materialismo religioso contestan de que el problema es que el donante debe esperar un poco de tiempo más o que el donante no tiene suficiente fe o no ha dado lo suficiente.

Entonces, ¿qué me está diciendo este tipo de enseñanza? Me está diciendo que el problema no está en una enseñanza distorsionada y semi-herética. ¡El problema está con el feligrés que ha dado hasta lo que no tenía!

Esto es lo que más me duele: que generalmente la gente que cae en estas trampas religiosas son la gente que más quiere agradar a Dios.

Es cierto que la Biblia promete que Dios abrirá las ventanas de los cielos para bendecirnos cuando nosotros le honramos con los primeros frutos de nuestra labor. Es una verdad eterna.

Pero volviendo al tema de nuestros hijos, tú y yo no tenemos idea de las bendiciones que Dios tiene guardadas para ti y para mí en el futuro (algunas materiales, algunas emocionales, algunas espirituales). Sin embargo, cuando nosotros traemos nuestros diezmos y ofrendas delante de Él, Él quiere que se las traigamos, no por el interés en esas bendiciones, sino simplemente por amor.

Se le preguntó una vez al Rabino Meir: “Por qué las Escrituras nos dicen en algunos pasajes que nuestros sacrificios son agradables al Señor mientras que en otros dice que Dios no se agrada en nuestros sacrificios?” El rabino contestó: “Todo depende si al momento de presentar el hombre su sacrificio incluyó en ese sacrificio también su corazón.”

3. El cristiano da voluntariamente.

Si bien la costumbre en muchas religiones del mundo es la de especificar cuál es el tipo de ofrenda que se debe traer delante de Dios, no ocurre lo mismo con el cristianismo. Por lo menos, no debería ocurrir lo mismo.

La enseñanza clave la ofrece nuevamente San Pablo cuando les dice a los corintios: “Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, y no de mala gana o a la fuerza porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:7).

El cristiano toma el concepto del diezmo del judaísmo, pero no lo ve como una regla, una ley o una meta que cumplir. Lo ve como un comienzo, como un mínimo sobre el cual construir una vida de entrega a Dios y a los demás.

En el próximo mensaje estudiaremos los siguientes tres principios para dar correctamente. 


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