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Apoyándonos en la Palabra de Dios

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Cuando pasamos por pruebas, no hay mejor lugar donde podamos encontrar ayuda y esperanza que en las Escrituras.

“Jesús… fue llevado por el Espíritu al desierto. Allí estuvo cuarenta días, y el diablo lo estuvo poniendo a prueba… Jesús le respondió: ‘También está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.’ Cuando el diablo agotó sus intentos de ponerlo a prueba, se apartó de él por algún tiempo.”Lucas 4:1-2, 12-13

Pruebas. A nadie le gustan. Son incómodas. Nos ofrecen la posibilidad de fallar. Y las consecuencias, bueno, ¡no pensemos en eso!

Pero todos sabemos que las pruebas aparecen en prácticamente todo lo importante que hacemos. Moisés las enfrentó la primera vez que fue a decirle al faraón que dejara libres a los hebreos. ¡Qué nervioso debe haber estado! Imagina tener que ir a decirle a un rey hostil que has estado escuchando voces (bueno, una voz) y tienes un mensaje de Dios que el rey no va a querer escuchar. No es divertido. Es incluso peligroso. ¿Cómo mantienes tu valentía en esas circunstancias?

Moisés se apoyó en la palabra de Dios que había escuchado desde la zarza ardiente. No trató de proponer ideas inteligentes por su cuenta; simplemente se atuvo a la palabra de Dios y la transmitió. Y podemos ver al Hijo de Dios, Jesús, haciendo exactamente lo mismo en su propia prueba, durante los cuarenta días que pasó en el desierto siendo tentado por el diablo.

Piensa en eso. Allí está Dios encarnado siendo tentado por el mal, y cada vez que responde a una tentación, solo dice: “Está escrito...” (o como diríamos: “La Biblia dice...”). Siendo Dios, seguramente Jesús podría haber hecho algo. Él tenía la sabiduría necesaria. Pero no lo hizo. Se apoyó en la palabra de Dios, la Escritura, y la usó como su única defensa, tal como lo hizo Moisés. ¿Por qué?

Por nosotros. Porque, ¿qué sabiduría o entendimiento tenemos además del que Dios nos da en la Biblia? Cuando pasamos por pruebas, no hay mejor lugar donde podamos encontrar ayuda y esperanza. Porque allí es donde encontramos a Jesús y donde el Espíritu Santo planta la fe y la esperanza en nuestros corazones.

ORACIÓN: Espíritu Santo, ayúdame a entender y a confiar en la Palabra de Dios. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Qué papel juega la Palabra de Dios en tu vida diaria?

- ¿Quién o qué podría ayudarte a crecer en tu apreciación de ella?

Por: Dra. Kari Vo

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