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Anhelando una nueva tierra

Description

Tal vez no exista un lugar más cómodo y seguro que nuestras propias casas, pero ellas no se compara con lo que viviremos junto a Jesús en el hogar que nos está preparando.

Por la fe, todos ellos murieron sin haber recibido lo que se les había prometido, y sólo llegaron a ver esto a lo lejos; pero lo creyeron y lo saludaron, pues reconocieron que eran extranjeros y peregrinos en esta tierra. Porque los que dicen esto, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubieran estado pensando en la patria de donde salieron, tiempo tenían para volver. Pero ellos anhelaban una patria mejor, es decir, la patria celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse su Dios; al contrario, les ha preparado una ciudad. – Hebreos 11:13-16

Nuestro pasaje bíblico para hoy trata con una paradoja: la situación “ya/todavía no” del cristiano que vive por fe en este mundo. Sabemos que ya somos hijos de Dios, y que Él nos perdona nuestros pecados, nos da su Espíritu Santo, nos ayuda a crecer en la fe y escucha nuestras oraciones.

Pero al mismo tiempo somos dolorosamente conscientes de que todavía no estamos en casa. Somos hijos de Dios, pero aún nos enfrentamos con el pecado y la tentación y en ocasiones actuamos de manera muy diferente a nuestro Padre. Tenemos el Espíritu Santo y algunas veces lo escuchamos; pero muchas veces no lo hacemos. Crecemos en la fe, pero ese crecimiento es doloroso, lento y, a veces, completamente invisible, al menos para nuestros propios ojos (otros pueden verlo más claramente). Pedimos en oración lo que necesitamos, pero no siempre lo obtenemos y, a menudo, no sabemos por qué.

¡Bienvenido a la vida de un extranjero que “pasa” en camino a un país diferente! Vivimos en este mundo "como extranjeros y peregrinos en esta tierra", como personas que simplemente no encajan, no pertenecen. A veces sufrimos por ello. Puede ser doloroso ver a todos los demás encajar tan fácilmente, mientras nosotros nos estancamos entre lo correcto y lo incorrecto que no parece perturbar a nadie más. "Todo el mundo lo hace", dicen nuestros amigos, preguntándose por hacemos tanto alboroto por una falta menor. Pero no podemos olvidar que nuestro Señor Jesucristo nos ama, y no podemos hacer algo que no es de su agrado. Al explicar eso a nuestros amigos no cristianos, recibimos miradas compasivas o de incredulidad. Simplemente, no pertenecemos.

Dios sabe esto, y por eso nos alienta a través de las palabras del escritor de Hebreos, quien describe a nuestros antepasados en la fe, Abrahán, Sara y otros, que no recibieron todo lo que se les prometió en la tierra, pero esperaron el día en que Dios cumpliera sus promesas en Jesucristo. Ellos esperaron la patria donde estarían realmente en casa: “un cielo nuevo y una tierra nueva, donde reinará la justicia” (2 Pedro 3:13).

Eso es lo que nosotros también esperamos: un lugar donde podamos estar realmente en casa, donde nuestra confianza en Jesús no sea una broma para las personas que nos rodean, donde podamos vivir como su pueblo en amor e inocencia. Un lugar donde alcanzaremos todo el potencial con que Dios nos diseñó. "Por eso Dios no se avergüenza de llamarse su Dios; al contrario, les ha preparado una ciudad" (Hebreos 11:16b). Y en esa ciudad viviremos para siempre con nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo. ¡Eso sí es algo que esperamos!

ORACIÓN: Querido Señor, haz que mi corazón y mi vida sean cada vez más los de un ciudadano de tu reino y úsame para hacer que muchos más confíen en ti. En Jesús. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Cómo crees que será la ciudad que Dios nos ha preparado?

2. ¿Cuál es tu idea del cielo? ¿Incluye todo lo que amas aquí en la tierra?

Por: Dra. Kari Vo

 


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