Amor disciplinario

Description

Entender la disciplina como una herramienta usada por Dios nos ayudará a verla como una bendición.

“He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso”, Job 5:17

¡Bienaventuradas las que son corregidas a tiempo, porque al final ellas amarán más!

La corrección es como el bisturí del cirujano: en un principio infunde mucho temor, pero es el que, en manos expertas, arranca de raíz nuestras enfermedades. Así es la corrección de Dios cuando vemos Su mano caer sobre nosotras; nos rebelamos, hacemos berrinche, pataleamos y huimos de Su disciplina correctiva, pero al final, bien entendida y aceptada, comprendemos que en verdad era necesaria y que redundará en lluvia de bendiciones para nosotras.

Muchos grandes hombres de Dios fueron disciplinados y aunque en un principio no veían con claridad el propósito de Dios, a su tiempo entendieron que fueron bienaventurados al ser objetos de la corrección del Altísimo. David dice: “Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos” (Salmo 119:71).

Dios se valdrá de los medios que Él considera imprescindibles para corregirnos. Muchas veces se valdrá de los problemas y veremos cómo esos problemas se levantarán uno tras otro, amenazantes, como las olas sucesivas del mar; tal fue el caso de Job. Otras veces Dios usará una enfermedad como medio providencial para movernos a reflexión, como en el caso de Epafrodito. En otras ocasiones utilizará la muerte de un familiar cercano para sensibilizar nuestros corazones, como fue el caso de Lázaro.

Las circunstancias amargas serán un excelente correctivo que nos devuelva al camino recto. Una crisis económica prolongada, un pleito familiar, un problema laboral, una complicación de salud, un fracaso en la universidad, etc., todas esas cosas podrían fungir como instrumentos de disciplina en las manos del Dios amoroso.

Pero siéntete bienaventurada si eres capaz de entender que es Dios quien te está disciplinando en ese momento. Y sobre todas las cosas, nunca, nunca menosprecies la disciplina divina, porque como dice Hebreos 12:7, “¿Y qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”. Y me encanta como concluye el mismo autor en el versículo 11, “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”.

Si eres hija de Dios, espera Su disciplina, "porque el Señor a quien ama disciplina y azota a todo aquel que recibe por hijo" (Hebreos 12:6). Eso es un privilegio y una bendición.

Oración: Padre, ayúdame a no desmayar cuando soy reprendida por ti y en medio de mis circunstancias sentir tu amor. Ayúdame a creer que a los que te aman ‘todo’ obra para bien.

Por: Carmen García de Corniel 

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