Amar como Dios ama (Parte 2)

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Dios ha dado diferentes características de Su amor a cada género para que cada uno pueda demostrar la forma en que Él ama.

En la primera parte, vimos el privilegio que como mujeres tenemos al poder participar en la obra de Dios de traer un nuevo ser al mundo. Sin embargo, ser dadores de vida es mucho más que algo biológico, también es funcional. Aun las mujeres que no han tenido hijos deben traer el amor de Cristo a cualquier ámbito donde se encuentran. Ante ello, nos urge entender cómo es el amor de Dios. Vamos a comenzar definiendo qué es el amor bíblico.

¿Qué es lo que viene a la mente cuando pensamos en el amor? Es una palabra pequeña, sin embargo, si Dios es amor, está llena de mucho significado. Como el nuevo testamento fue escrito en griego, y nuestra lengua no es tan precisa como ella, definiremos amor como ellos lo definen.

En griego hay 4 palabras o ideas diferentes para definirlo, porque una palabra no es suficiente.

PHILEO es el amor de amistad y es basado en personalidades, atracción o compatibilidad mutua. Entonces, por definición es un amor condicional, y como nosotros cambiamos con el tiempo, no es suficiente para mantener una relación de larga duración.

STORGE es el amor entre miembros de una familia y es un amor de ternura, afectivo y, por ende, implica cercanía física. Sin embargo, no necesariamente implica cercanía emocional, por lo que muchas veces estamos más cerca de un buen amigo que de un miembro de la familia (Proverbios 18:24).

EROS es el amor erótico. Es sensual, emocional y alimentado por sentimientos, por ello, suele ser frágil según las emociones sentidas en el momento. Esto es lo que el mundo llama amor, sin embargo, es un amor totalmente egoísta. El deseo por la otra persona es por gratificación personal y no necesariamente incluye el respeto o la dignidad por el otro. De hecho, es posible –y desafortunadamente muy común en el mundo de hoy–  hacer el amor (el eros) sin sentir amor ni respeto por esa persona.

ÁGAPE es el amor divino. El amor que Dios tiene para Sus hijos y el amor que Sus hijos deben tener por Él. Es un amor incondicional y actúa primordialmente para el bien de la otra persona. El amor ágape no es una emoción sino una persona, Jesucristo, y está basado en comunión íntima. Este amor es iniciado por Él (Juan 15:16) y por ende Él es el responsable (Romanos 5:8). El amor ágape es una decisión intencional y no algo que ocurre sin querer o sin darse cuenta.

Volviendo a la primera pregunta, ¿por qué entonces Dios creó a las madres? Obviamente cualquier conclusión a la que llegamos es puramente especulación; sin embargo, uno podría pensar que como el hombre y la mujer son incapaces de amar a otra persona como Dios ama, Él ha dado diferentes características de su amor a cada género para que pudiéramos demostrar algunas de las características que Él tiene y, combinadas, dar una muestra más cercana del amor de Dios.

El Señor nos diseñó con un propósito y una función. Primero tenemos que entender la función que Dios nos dio para entender el propósito. La función deseada es lo que determina el diseño y es el diseño que determina las necesidades. Por ejemplo, la función de un carro es transportar, pues está diseñado con ruedas y para necesitar combustible. Si ponemos diésel en un carro diseñado para gasolina, el carro no solamente no funcionará, sino que se dañará. Lo mismo sucede con nosotras, si la función de la mujer es amar como Cristo ama y ambientar el lugar como Cristo lo haría, entonces Él nos hizo con la capacidad de amar con las emociones, ternura y afecto para que los que están a nuestro alrededor sienten Su amor.

Aunque es imposible para nosotras entenderlo totalmente, en su Trinidad Dios siempre ha tenido a alguien para amar, y como Él es completo en sí mismo, Él no necesitaba nada; sin embargo, el amor necesita un recipiente y por ello Él creó el universo para que este mismo amor se desborde y demuestre quien es Él.  Y como el hombre fue creado en la imagen de Dios, entonces el hombre necesitaba a alguien para amar, porque el amor tiene una compulsión para dar (Juan 3:16). Entonces, para que el hombre se sintiera satisfecho y realizado, necesitaba a alguien a quien pudiera amar y de quien sentirse amado.

Aunque los hombres y las mujeres fueron creados para amar, ambos necesitan un recipiente para demostrar este amor, sin embargo los dos fueron creados muy diferentes en la forma de demostrar el amor.

El hombre piensa lógicamente y es motivado por la excelencia, demostrando así estas características de Dios. Por lo tanto, él ama en una forma de justicia o de forma recta. Su forma de demostrar amor es a través de la protección y de resolver problemas. Para el hombre los sentimientos toman un segundo lugar, porque a pesar de las emociones debe hacer lo que es correcto. Al contrario, la mujer ama con ternura, con el deseo de cuidar, ayudar, aceptar y proteger, sintiendo simpatía o pena por las personas. Su amor, entonces, está demostrado mucho en las emociones.

¿Uno es mejor que el otro? ¡NO! Los 2 son necesarios para ser completo. Un amor recto sin emociones será muy seco y un amor solamente con emociones será consentidor y permisivo. Uno balancea al otro y al final el amor de Dios se demuestra a través de cada género.

Es difícil amar en una forma recta cuando se siente pena o sentir pena cuando se está molesta y tienes que corregir algo. El amor humano entonces es incompleto y tiene la tendencia a amar como su personalidad, pero el amor de Dios, el amor incondicional y perfecto, está compuesto de los dos aspectos. Cuando Dios aplica Su justicia es con y por amor, porque Él ama en todo lo que hace. ¡Él es amor!

El Señor creó a la mujer como ayuda idónea para completar en ella lo que en el hombre faltaba. Cuando alguien puede sentir ambas características del amor a través los dos sexos, él o ella pueden tener un  entendimiento mejor del amor perfecto de Dios.

Nuestra meta como cristianas siempre debe ser seguir aprendiendo del amor de Dios, para que Él pueda perfeccionar la forma en que amamos a otros. Y como Él es amor, mientras más amamos como Él ama, más le conocemos y más nos parecemos a Él (Efesios 3:14-19).

¿Eres el reflejo del amor de Dios? ¿Sabías que aunque no eres madre eres una dadora de vida? ¿De qué maneras lo vas a reflejar y materializar?

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