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Alabanzas y acciones de gracias

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Cuando adoramos a Dios en comunidad, nos unimos a la alabanza celestial que se remonta a los comienzos del mundo y que continuará por la eternidad.

Entremos por sus puertas y por sus atrios con alabanzas y con acción de gracias; ¡Alabémosle, bendigamos su nombre! ¡El Señor es bueno! ¡Su misericordia es eterna! ¡Su verdad permanece para siempre! – Salmo 100:4-5

“Entremos por sus puertas y por sus atrios con alabanzas y con acción de gracias”. Eso hacemos cuando nos reunimos para adorar: recibimos los dones de Dios, su Palabra y Sacramentos, y respondemos con agradecimiento y alabanza por todo lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo nuestro Señor y por todo lo que hace por nosotros cada día. En el Salmo 100, el salmista da aún más razones para nuestra alabanza: “¡El Señor es bueno! ¡Su misericordia es eterna!”. Las bendiciones de Dios colman nuestra vida.

Por supuesto que no somos ni los primeros ni los únicos en ofrecer alabanzas ante el trono de Dios. Cuando entramos a sus puertas para adorar, nos unimos a la alabanza que se remonta a los comienzos del mundo y que continuará por la eternidad. En la creación "cantaban las estrellas del alba y los seres celestiales se regocijaban" (Job 38:7). Al profeta Isaías se le dio una visión del Señor en su trono, a la que asistieron serafines que gritaban unos a otros sus alabanzas: “¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos!” (Isaías 6:3a). La alabanza de los ángeles a la majestad de Dios se derramó en los campos alrededor de Belén la noche en que nació Jesús. Y la alabanza regresa de la tierra al cielo cada vez que un pecador se arrepiente, siendo motivo para que los ángeles se regocijen (Lucas 15:10).

Cuando a Juan le es dada una visión del trono del cielo, ve y escucha a “miríadas y miríadas” de ángeles que se unen a todas las criaturas en el cielo y en la tierra para clamar ante el trono de Dios: “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sean dadas la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (ver Apocalipsis 5:11-13). “Entremos por sus puertas y por sus atrios con alabanzas y con acción de gracias.” Eso es lo que hacemos cuando adoramos juntos, y eso es lo que haremos por toda la eternidad. Cuando Jesús regrese seremos resucitados de la muerte, transformados y glorificados, para unirnos a la alabanza sin fin que rodea el trono de Dios.

ORACIÓN: Padre celestial, bendice nuestra adoración y acepta nuestra alabanza en agradecimiento por todos tus dones, especialmente el don de la salvación a través de Cristo Jesús nuestro Señor. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Cómo se manifiesta la fidelidad de Dios en tu vida?

2. ¿De qué manera le demuestras a Dios, y a los demás, tu agradecimiento por su presencia constante en tu vida?

Por: Dra. Carol Geisler

 

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