Alabando al Salvador

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Experimentar el gozo de la salvación no puede tener otro efecto que el de exaltar a nuestro redentor.

“He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Jehová, quien ha sido salvación para mí”, Isaías 12:2

Quien verdaderamente ha experimentado la salvación de Dios, no puede evitar elevar cánticos de adoración y alabanzas al Salvador Jesús por la obra efectuada para el perdón de sus pecados.

Esa fue la experiencia de la mujer pecadora, quien empapó los pies del Maestro con lágrimas como expresión de la gratitud que desbordaba de su corazón. Fue la actitud de María al quebrar el vaso de alabastro y derramar el perfume de nardo puro de mucho precio sobre Su cabeza (Marcos 14:3). Y fue mi reacción natural cuando vine a los pies de Cristo.

Pero además, es la escena que encontramos cuando los ángeles irrumpieron en cánticos por el nacimiento de Jesús, aun no siendo ellos los partícipes de esa salvación que Cristo vino a efectuar. Sin embargo cantaron: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.

El gozo de la salvación es de tal magnitud, que no solo cantaron los ángeles en el nacimiento de Cristo, sino que Lucas asegura que: “hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (15:10). Así, es inexplicable el gozo que experimenta el alma por haber pasado de muerte a vida.

A Dios le agrada sobremanera que le alabemos. El desea que su pueblo le alabe en reconocimiento del favor que su Hijo efectuó en la cruz. Que halla en nuestros labios un cántico que manifieste nuestro profundo amor, admiración y gratitud al Dios que nos amó y entregó su Hijo para salvarnos de la perdición eterna.

¡Cantémosle pues! y no cesemos de exaltar su nombre. “Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo” (Salmo 33:3). ¡Él es digno!

Oración: Bendito y alabado Señor, gracias por haber nacido con el fin de morir por mí. Gracias por la redención que efectuaste y la obra regeneradora de mi alma y corazón. Por siempre te exaltaré con mis labios y mi vida. Por los siglos de los siglos, amén.

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