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¡Alégrense!

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¿Hay alguna preocupación que te puede estar robando el gozo en el Señor?

“En ese momento apareció, junto con el ángel, una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ‘¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra a todos los que gozan de su favor!’” – Lucas 2:13-14

Me encantan estos ángeles. Están extremadamente contentos con el maravilloso regalo que Dios le está dando a la raza humana: el Salvador, Jesús, Cristo el Señor. Es como si no pudieran controlarse a sí mismos y, una vez que el ángel principal ha dado su mensaje con claridad a los pastores, todos irrumpen en escena celebrando, cantando y alabando con todas las fuerzas de sus pulmones. ¡Es tiempo de celebrar!

Y tienen razón en hacerlo. El libro de Eclesiastés nos recuerda que “Todo tiene su tiempo. Hay un momento bajo el cielo para toda actividad: El momento en que se nace, y el momento en que se muere” (Eclesiastés 3:1-2). Bueno, entonces también hay un momento para festejar, un momento para alegrarse y celebrar, y este es el momento. Este no es un momento para rostros amargos, no es un momento para resolver viejas quejas o preocuparse por el futuro.

Esto es algo que debo recordar, porque por naturaleza me preocupo. Puedo encontrar algo por lo que estar ansiosa aun en la ocasión más feliz. Y si no estoy ansiosa, ¡me pongo ansiosa porque no lo estoy! Es como una serpiente emocional que se traga su propia cola.

“Regocíjense en el Señor siempre. Y otra vez les digo, ¡regocíjense!... El Señor está cerca” (Filipenses 4:4-5). Claro que sí, Jesús está definitivamente cerca, como un pequeño bebé que duerme en un pesebre; como el Señor de la vida que murió y resucitó para salvarnos; como Aquél que ha prometido venir al final de los tiempos para llevarnos a estar para siempre con él. ¡Estas son buenas noticias!

Y entonces decimos con gusto: “¡Éste es nuestro Dios! ¡Éste es el Señor, a quien hemos esperado! ¡Él nos salvará! ¡Nos regocijaremos y nos alegraremos en su salvación!” (Isaías 25:9).

ORACIÓN: Señor, me alegra que hayas venido. Gracias por hacerlo. Quédate siempre con nosotros. En tu nombre. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Qué tipo de preocupaciones te roban el gozo en el Señor?

- ¿Qué podrías hacer para acordarte de tomar tiempo para disfrutar de la bondad de Dios y celebrar?

Por: Dra. Kari Vo

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