¡Adorémosle!

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La adoración tiene que ver con la manera, la actitud y el propósito con el que realizamos todas nuestras actividades.

“Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres”, Hechos 22:4

La Biblia muestra al Cristianismo como un camino, esto es, como un estilo determinado de vida. Nueve veces en el libro de los Hechos de los Apóstoles encontramos palabras y frases tales como: “Camino”, “el camino de Dios”, “el camino del Señor”, “este Camino”, “camino de salvación”, “el camino”, etc.

Un camino puede ser una vereda, calle o curso en el que se viaja. También puede ser una manera, método o sistema para lograr un objetivo. Pero cuando de la vida cristiana se trata, el camino abarca la totalidad de nuestra vida y nuestros quehaceres. Tiene que ver con la manera, la actitud y el propósito con el que realizamos todas nuestras actividades. Tiene que ver con nuestra ADORACIÓN a Dios.

Al pensar en la adoración, a menudo nuestra definición y comprensión de la misma es estrecha. Según el diccionario la adoración es un verbo. Es reverenciar con sumo honor y respeto, rendir a la divinidad el culto que le es debido, adorar a Dios y amar en extremo. Implica primeramente una relación, luego una comprensión, una actitud y una acción. Una relación personal con Cristo, la comprensión de quien Él es, la actitud correcta ante Su misericordia y majestad, y la respuesta humilde, reverente y agradecida de nuestra parte por Su gracia y favor inmerecido.

Que la adoración sea tanto una actitud como una acción es sumamente importante, porque muchas creen erróneamente que es un lugar (la iglesia) donde se realiza una actividad (alabar). Y otras la comparan con un sentimiento o emoción. La adoración va mucho más allá de las paredes de la iglesia, de un culto, o de un sentimiento pasajero. Quien adora a Dios en espíritu y en verdad ayuna del pecado más que del alimento, come más pan espiritual que material, da por convicción y pasión más que por necesidad o conveniencia, y sacrifica alabanza con sus hechos más que con sus palabras.

Adoramos a Dios desde que amanece hasta que anochece. Desde la cocina hasta el trabajo, con el pensamiento y con nuestras acciones, y por lo que hacemos o dejamos de hacer. Le adoramos más por las bendiciones y motivos eternos que por las concesiones y deleites temporales, y le adoramos por sobre todas las cosas por quien Él es y el sacrificio del Hijo en la Cruz. Porque Él es nuestro Hacedor, nuestro Salvador, nuestro Libertador, nuestro Proveedor y nuestro Sustentador.

La mujer que está en el Camino ama a Cristo y busca en todo agradar a Dios por medio de Él. Todo cuanto hace está enfocado en rendirle gloria y sea en lo poco o en lo mucho le es fiel. Cuando de Jesús estamos enamoradas, los sacrificios son dulces y todo nuestro ser reboza del gozo que nos da la fortaleza en medio de la aflicción y la dificultad.

Oración: Señor ¡te adoramos porque eres digno! En mi vida tu nombre es exaltado y el nombre de Cristo. Gracias porque pertenecemos al Camino. En Jesús oramos, amén.

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